domingo, 3 de febrero de 2013

Lo apodan “la Justicia” - Reflexiones sobre el Poder Judicial


Democratización, una consigna que pateó el avispero. El poder más elitista del Estado. Los que piensan que eso es un mérito y algunas ideas para mejorarlo. La familia judicial, habría que agrandar la mesa. Cuestiones de competencia. Horarios y vacaciones, jueces trabajando. Se abrió el debate en un poder poco afecto a la visibilidad.
  
Por Mario Wainfeld

Al Poder Judicial lo apodan “la Justicia”. Es un uso extendido, casi unánime. El cronista libra una cruzada poco exitosa contra esa sinonimia, propone llamarlo por su nombre, no más. La justicia es un anhelo, una plenitud que las instituciones no logran. La actuación del Poder Judicial, si se la mira bien, no la consigue casi nunca. Y casi no hay que reprocharlo. Su finalidad esencial es restaurar equilibrios supuestamente quebrados. Se orienta prioritariamente a dar certezas, fijar las relaciones, que a aspiraciones más profundas y, ay, más difíciles. Por eso la prescripción que cristaliza un derecho o la impunidad por el mero transcurso del tiempo. Por eso la innumerable cantidad de casos que se resuelven por formalidades. Una apelación presentada un rato después de la hora prevista (o en otro juzgado, por error material) es un mejor camino a la derrota absoluta que la falta de derechos.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner llamó a “democratizar” el Poder Judicial (PJ en lo sucesivo, con perdón de la sigla): pateó un avispero. El oficialismo suele obrar así, acomete respecto de poderes cristalizados, intocables o poco tocados. Genera un revuelo descomunal, desata polémicas, batallas culturales. El fallecido ex presidente Néstor Kirchner preguntó “¿qué te pasa Clarín? ¿estás nerviosho?”. Y miren todo lo que sobrevino.
Las revueltas que provoca el kirchnerismo no siempre encuentran implementaciones perfectas, pueden derrapar a desmesuras, casi siempre son respuesta a necesidades políticas tácticas. Como sucedió con la ley de medios, siembran en terrenos ya arados o en polémicas ya construidas. La diferencia, nada menor, es que quien se pone al frente es un gobierno dispuesto a desafiar lo establecido.
La convocatoria es válida, aviva pasiones y motiva alineamientos, desafía a los sectores implicados. El hermetismo del PJ se sacudió en estos días. Organizaciones de magistrados se arrogaron la representación de todos sus pares y se rasgaron las vestiduras. Muchos de sus colegas reaccionaron contra la movida unanimista, instada por varios integrantes de la Corte Suprema que tiraron la piedra y escondieron la mano. Jueces, secretarios y fiscales les respondieron que no se reconocían en sus pretendidos representantes. El 27 y 28 de este mes se reunirán en la Biblioteca nacional, a plena luz del día. Una saludable rebelión contra una cultura del silencio.
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Tropa de elite: Hablamos del único poder del Estado cuyos integrantes son, en principio, vitalicios y no surgen del voto popular. A los jueces se los moteja de “Su Señoría”, un vocablo nobiliario (dos siglos después de la Asamblea del Año XIII) chocante a cualquier criterio republicano. Son, lejos, el poder del Estado más aristocrático. Para colmo, se agrega la autoexención del pago de Impuesto a las Ganancias, surgida de una capciosa interpretación del principio constitucional de intangibilidad de sus salarios.
El elitismo deriva de la propia conformación de la magistratura: sólo la componen abogados. Es una obviedad, dirá usted, por las tareas que desempeñan. Así es, pero el sesgo del elenco judicial no debe pensarse como una virtud o como un rasgo neutral sino como un lastre. Fuerza a tratar de compensar su elitismo y sectarismo, digamos congénitos. Asombra la asimetría de los jueces con los legisladores del Congreso nacional (la Cámara de Diputados en especial) en lo tocante a diversidad ideológica, cultural y social de sus integrantes.
El cronista se adelanta a suspicacias. No está proponiendo un cambio copernicano, “a la boliviana”. Apenas señala un escollo para que un poder público propenda a la diversidad y atenúe su elitismo.
En un trabajo profundo y recomendable (“¿Cómo y sobre qué debe rendir cuentas el sistema judicial?” http://www.sistemas judiciales.org.), el jurista Alberto Binder clava una pica en Flandes. “El Poder Judicial tiene una legitimidad frágil que debe ser custodiada por los propios jueces.” La legitimidad de presidentes, gobernadores, intendentes, parlamentarios o concejales se supedita al veredicto popular. En un interesante reportaje con Página/12 la defensora oficial Stella Maris Martínez afirma que la legitimidad del PJ debe surgir de prestar “un servicio público digno a la gente”. La mayoría de magistrados y funcionarios no presta atención a los litigantes. Muchos no los ven jamás o casi nunca. La cultura judicial es “leerse” en las valoraciones de sus pares, de los académicos, de los abogados como mucho.
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Lo importante es la familia: La expresión “familia judicial” es sugestiva. Pinta a un grupo con lealtades firmes más allá de lo funcional y a un poder donde las presencias familiares se reproducen merced a ingresos nepotistas por los tramos más bajos. Stella Maris Martínez y el juez de la Corte Eugenio Raúl Zaffaroni (en otra entrevista concedida a este diario) abogaron por abrir las puertas de los tribunales a más aspirantes. Desde adentro, la tendencia prevaleciente es tapiarlas. Las universidades del conurbano bonaerense, en las que se forman jóvenes que son la primera generación de su familia en acceder a un título de grado, serían un buen “semillero” de oxigenación. Más concursos en rangos bajos, una herramienta posible, aunque la entorpece la significativa cantidad de personal contratado que revista en los tribunales federales o nacionales. Los concursos para secretarios en materia federal o nacional fueron abolidos por la aciaga Corte Suprema menemista, sería interesante revisar su medida. Abrir, ventilar, pluralizar desde abajo, son buenos objetivos.
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Hablo para que no me entiendas: La jerga forense es otro factor elitista. Está plagada de expresiones ajenas al lenguaje común, poco atentas a la perspectiva del receptor. Otra característica antidemocrática y aun antipopular.
Binder da en la tecla de nuevo cuando describe “el modelo usual de sentencias”: “información irrelevante, formas expresivas arcaicas, nula, preocupación por la comunicación, defectos formales y carencia de razonamientos son una constante demasiado extendida”. Frente al problema detecta “poco entrenamiento y preocupación”.
A diferencia de legisladores, gobernadores, ministros o presidentes los jueces no dependen para progresar en su carrera, o para mantenerse, de que el judiciable los entienda y les crea.
La notificación judicial de casi cualquier acto es incomprensible aun para una persona con buena formación intelectual que no sea abogado. Una citación no se entiende, un mandato necesita ser traducido al castellano. A nadie se le ocurre predicar que, cuanto menos, en las comunicaciones a las partes se combinen el vocabulario formal con otro inteligible para el vulgo. Toda una señal.
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Cuestiones de (in)competencia: Lo críptico, lo cifrado es un atributo del poder autoritario. Vale también para las reglas de la competencia de los Tribunales. Materia abstrusa que proporciona un rebusque formidable a quienes aspiran a chicanear los trámites. Los peloteos de juzgado a juzgado muchas veces demoran más que el fondo del pleito. La cultura judicial es muy celosa con esas minucias, agrava las dificultades. El argumento-pretexto es la gran especialización de los magistrados. En rigor, el formalismo prima sobre el afán de prestar decorosamente un servicio público. La competencia es muy restrictiva, detallista, restrictiva.
Pero en chocante contrapartida, existe otra institución aun más incomprensible para cualquier lego. Es el “control difuso” que consiste en que cualquier juez puede declarar la inconstitucionalidad de cualquier ley.
Usted, imagino, supondrá que un juez debe seguir la jurisprudencia constitucional de su Cámara Superior o de la misma Corte si han fijado un criterio. Usted piensa con lógica, vade retro: se equivoca. Aunque haya jurisprudencia en contrario, aun en la cúspide del PJ, cualquier juez puede decretar una inconstitucionalidad.
El mecanismo es ensalzado como prueba de autonomía cuando es anárquico, tiende a debilitar a otro estamento del Estado. Edifica una jerarquía “de facto” que nada tiene que ver con la afamada división de poderes. Y genera incerteza, por no decir inseguridad jurídica...
Una solución que (horror) simplificaría sería crear un método por el cual un tribunal constitucional –la Corte Suprema– fuera el único que pueda declarar inconstitucional una ley del Congreso. E impedir, para lo sucesivo, que esa ley se ejecutara. Sería una solución imperativa para el resto de los tribunales y para los otros poderes. Julio Maier es un destacado jurista, eminencia en Derecho Procesal Penal, docente universitario, ex juez. Afirma que esa solución es viable y no requiere reforma de la Carta Magna. La mayoría de la Academia cree que ese cambio solo podría provenir de una reforma constitucional.
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Cautelar fácil: Caso Clarín mediante, los abusos de medidas cautelares están de moda, también el debate respectivo. La explicación será entonces breve. Un mecanismo de protección se transforma en un sustituto perverso de la sentencia.
Las prisiones preventivas son uno de los abusos más repetidos y más preocupantes de las cautelares. Acá hay que distribuir responsabilidades: “la tribuna”, muchos periodistas, funcionarios y dirigentes políticos claman por detenciones durante el proceso, que deben ser excepcionales (ver asimismo recuadro aparte). El saldo de una prisión preventiva apresurada o injusta suele ser arrasador. Un juez no debe castigar a quien no ha sido condenado y se presume inocente.
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La cultura del trabajo: Un servicio público que, en lo primordial, cierra durante un mes y medio al año es algo chocante... fuera de Tribunales. La pésima costumbre de un mes y medio de “feria” combina privilegio sectorial con perjuicio a los ciudadanos. Acentúa la prolongación de los juicios, que hibernan en verano y en invierno.
Según las normas vigentes, el horario de los jueces y secretarios federales y nacionales se extiende de 7.30 a 13.30. Treinta horas semanales durante diez meses y medio es una carga modesta, para gente que hoy día cobra muy buenos sueldos y jubilaciones muy superiores aun respecto de quienes tengan similares ingresos.
Desde luego, es un milagro encontrar a un juez a la hora de iniciación. Más de una vez, organizaciones de abogados hicieron recorridas tempranas que resultaron desoladoras: ausentismo casi perfecto.
Los magistrados afirman que es ocioso llegar tan temprano, que laboran mucho y mejor fuera de hora, amén de llevar trabajo a sus casas. Hay numerosos casos en que es así, hay otros que no. El control sistémico es cero.
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Sean eternos (solamente) los laureles: La duración de juicios de todas las competencias frisa con la denegación del derecho, con estimables excepciones.
La cantidad de jueces puede ser parte de los motivos. La demora en la cobertura de juzgados vacantes (que pesa básicamente sobre el Ejecutivo) también.
Otro núcleo son los códigos procesales. La abrumadora predominancia de lo escrito y del papeleo vicioso. La proliferación de instancias. La existencia de códigos procesales diferentes en surtidas provincias no es el nudo del problema, aunque también lo acentúa.
Y los desempeños de los magistrados quizá sea la principal. Que dos juzgados del mismo lugar y de similar competencia produzcan resultados muy diferentes en calidad de la atención al público, duración de los expedientes y calidad de las sentencia comprueba que los factores personales pesan mucho.
Los plazos para el dictado de sentencias de primera instancia y de Cámara están fijados por ley. Para la Corte Suprema, no. Hay una lógica jerárquica: no hay tribunal superior que pueda sancionarla. Pero sería un gesto de autoridad y ejemplaridad que la Corte se autorregulara y se los impusiera.
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Y mucho más: Esta nota, que queda corta en temas a abordar, deja entre paréntesis aspectos que sólo podrían corregirse mediante reforma constitucional. No es un punto de vista valorativo sino un recorte tendiente a insinuar aspectos que ya podrían comenzarse a trabajar.
No habla, tampoco, del Consejo de la Magistratura, que es una calamidad y no funciona a satisfacción de nadie.
No se centra en responsabilidades o carencias de otros poderes. No porque no existan sino porque han sido y serán objeto de otros artículos. También hay que señalar otra diferencia. Los integrantes de los poderes políticos son cuestionados y puestos bajo la lupa por sus propios pares. Los dirigentes de distintos partidos señalan sin piedad las carencias o defectos del otro. Ese debate iluminador se da todos los días. Es una consecuencia de la competencia democrática, inaplicada en un poder donde no la hay. La cultura judicial, refractaria a las discusiones abiertas a la sociedad, empeora el problema.
Ya que de cultura hablamos. Es forzoso imaginar cambios en las leyes, en los códigos de procedimientos, en los mecanismos de control, en perforar el secretismo judicial. Pero nada cambiará si los magistrados no hacen introspección, se bajan del pedestal, elaboran un mínimo inventario de los beneficios y exenciones especiales de que gozan. Si no ponen en cuestión su cultura interna, su cerrazón, la escasa representatividad que tienen. No en términos de popularidad sino como expresión de un sector muy acotado de la sociedad.
Democratizar la democracia siempre es imperioso, en todos los ámbitos. A más oscuridad, a más sectarismo, a menos intervención popular es mayor la necesidad. Con amplio debate público, dentro de la ley, con afán de cambio y oxigenación.
mwainfeld@pagina12.com.ar

miércoles, 23 de enero de 2013

Amenizando el verano: un cuento por Sergio Olguín.


La fabulosa vida de Pinocho
 
I
Si había algo sagrado para Pinocho era el partido de fútbol los sábados a la mañana con sus amigos. Se habían inscrito en un torneo intercountries y les iba bastante bien contra sus vecinos de Pilar o Benavídez. Ganaban algunas veces, perdían otras y empataban casi siempre. Un típico equipo de mitad de tabla donde Pinocho podía disimular su poca habilidad para el deporte gracias a la buena voluntad de sus amigos. Aunque la paciencia tenía un límite y cuando se perdía por enésima vez un gol frente al arco vacío era común que algún compañero estallara y le gritara: “sos de madera”. Él siempre tenía una excusa: que le habían hecho falta, que pensó que estaba en offside, que la pelota doblaba demasiado.
–Excusarse se parece demasiado a mentir –le había dicho el licenciado Pepe Grillo, su psicoanalista, en una de sus sesiones.
–Probablemente, pero cada vez pongo menos excusas –mintió Pinocho.

II

No había sido fácil. La vida de Pinocho había sido difícil y tortuosa. Una infancia traumática donde su padre lo trataba como un muñeco, el secuestro del que fue víctima por parte de un titiritero llamado Strómboli que lo sometió al trabajo infantil como marioneta, animales que le hablaban en los sueños. Y estaba el hada. El Hada Azul con sus reclamos, sus reproches, sus amenazas. Ella hacía lo que quería con él, lo convertía en esto o en aquello a su antojo y él siempre tratando de zafar. Al llegar a la adultez a Pinocho no se le ocurrió mejor idea que decirle al Hada Azul que estaba enamorado de ella. Y el hada –que podía descubrir una mentira a kilómetros de distancia– se dejó seducir por las palabras de Pinocho. Un hada es antes que nada una mujer y lo que busca es que la quieran o algo razonablemente parecido. Después Pinocho tuvo la idea de casarse con ella.
–Sus ideas alrededor del matrimonio se asemejan a las mentiras –Pepe Grillo hablaba con la pipa en la boca.
–El amor es una gran mentira –le respondió Pinocho.

III

Pinocho estacionó su auto japonés en la entrada del geriátrico. Hacía seis meses que no visitaba a Gepetto y hacía cinco años que lo había llevado a vivir a ese lugar. En la habitación le dejaban tener un pececito y un gato. También le permitían mantener el hobby de la carpintería en un taller que había al fondo de la casa de ancianos. Allí lo encontró como siempre, trabajando una madera para construir un mueble. Pinocho sentía que le corría un escalofrío cada vez que lo veía afilar la madera con un cuchillo. Un miedo atávico, imposible de definir, se despertaba en lo más profundo de su ser. Pero Pinocho había aprendido a disimular sus estados de ánimo (el licenciado Grillo le hubiera dicho que sus disimulos eran otra forma de mentir).
–Padre –gritó con una sonrisa. Tenía que gritar porque Gepetto estaba quedándose sordo.
–Mi pequeño –dijo Gepetto–. ¿Por qué me visitas tan poco?
–Uff, padre, tuve que viajar por Oriente, mi barco naufragó, caí dentro de una ballena, me rescató un barco de Greenpeace, me volví militante ecologista, luché contra los desalmados que arruinan el planeta y planté miles de árboles en todo el mundo.
–Ay, mi pequeño Pinocho, tendrías que haber sido escritor.
Pero Pinocho no había seguido los designios soñados por su padre. Pinocho no era escritor. Era periodista.

IV

La convivencia matrimonial puede convertir a un hada azul en una mujer gris. Desde que se habían casado, el Hada Azul se había retirado del mágico mundo de dar vida con su varita mágica. Ahora pasaba las horas frente a la televisión, miraba programas de chimentos, el reality show de los Tres Chanchitos, la telenovela protagonizada por Caperucita Roja. Cualquier cosa antes de mirar el canal de noticias donde Pinocho conducía un programa de entrevistas políticas. Cada tanto levantaba la vista y dejaba perder su mirada por encima del placard, donde descansaba la varita mágica y pensaba que algún día debía tomar la decisión de volver a la vida activa.
En algún momento quiso tener hijos pero no había podido quedar embarazada. Ella se echaba la culpa a sí misma. Al fin y al cabo, le había dado vida a Pinocho pero se había olvidado de darle una simiente fértil.
–Puro aserrín –se decía más enojada con ella que con su marido.
Además, estaba la amante. El Hada Azul podía ser un hada pero no era idiota. Sabía que Pinocho tenía una amante a la que visitaba con puntualidad digna de mejores causas los martes y jueves. Esos dos días llegaba a la madrugada y ella se hacía la dormida. No quería escuchar una nueva mentira.
–Hay piquetes en toda la ciudad y tuve que ir por la colectora desde la General Paz hasta Pilar.
–Estuve unas horas detenido por manejar sin tener las últimas tres patentes pagas.
–Cerramos tarde en el diario porque murió Michael Jackson (en realidad, se había muerto pero dos meses atrás).
–Me perdí y aparecí en Luján. Aproveché y me fui a la basílica a rezar un poco.
El Hada Azul se contenía para no hacer una escena, para no decirle que le había hackeado las cuentas de Gmail, de Hotmail y del Facebook y que estaba al tanto de la existencia de otra mujer. A ella ya no podía engañarla más. Un día ella se iba a animar. Iba a tomar la varita mágica y volvería al trabajo fuera de casa, pero su primera labor la pensaba ejecutar sobre su marido.

V

A Pinocho no le gustaban las mujeres tipo Barbie ni las peponas, ni las cargadas de siliconas que parecían de plástico, ni las muy peludas que parecían de peluche. Tal vez porque no se parecía a ninguno de estos estereotipos, Pinocho estaba fascinado con Melania, una dominicana que había conocido un año atrás en un bar exclusivo de la zona Norte. Lo volvía loco su piel de ébano y lo hacía morir de placer que Melania con sus uñas largas como ramas lo acariciara fuertemente, hasta astillarlo.
A Melania le confesó que su esposa no lo entendía, le contó que no tenía sexo con ella desde hacía tres años, le prometió que iba a separarse muy pronto.
Todas esas veces Melania hacía como que le creía. No era el primer hombre casado con el que andaba.

VI

Una vez al año Pinocho desaparecía de los lugares que solía frecuentar. Se esfumaba por quince, veinte días. Sus conocidos creían que se iba con alguna amante a una isla del Pacífico Sur, o a esquiar a Aspen, o a tomar tragos raros a la terraza de un hotel en Abu Dhabi. Estaban equivocados. Durante esas misteriosas desapariciones iba a Río de Janeiro a visitar la clínica del doctor Ivo Pitanguy. Cada año se sometía a una operación de nariz. Los médicos lo conocían y sabían cómo tratarlo. Le reducían el apéndice olfativo a niveles aceptables. Ni tan larga como para espantar a la gente ni tan pequeña como para que lo dejaran de llamar Narigón, Narigueta, Cara con Manija, o algún otro epíteto con clara alusión a su prominente nariz. Nadie se daba cuenta que esa nariz crecía cada día un poco y que una vez al año volvía a un tamaño que podría definirse como normal. Sólo el Hada Azul conocía su secreto. Melania lo sospechaba. Y el licenciado Pepe Grillo se había dado cuenta, pero pensaba que era un síntoma psicosomático que el éxito de la terapia le permitía reducir notablemente cada año.

VII

No, señores, no había sido fácil su vida. Tal vez habría terminado como vidente de parque de diversiones o como vendedor de tiempo compartido, si no hubiera sido porque en su vida se cruzó el Honrado Juan, un viejo zorro del periodismo que le vio a Pinocho madera para el oficio.
El Honrado Juan dirigía un semanario de información general. Ahí empezó Pinocho escribiendo notas del mundo del espectáculo, pasó más tarde a la sección deportes y terminó en política y economía. Pinocho se sentía en el paraíso: cuanto más exageraba las mentiras, más crecía en su carrera profesional. Y cuando algún desubicado lo acusaba de mentiroso (ya se sabe, nunca falta un aguafiestas), él se escudaba en el derecho a la información, la libertad de expresión y varios pactos internacionales, además de contar con el apoyo incondicional de sus colegas, que preferían siempre una mentira ingeniosa a perder tiempo chequeando los datos que Pinocho publicaba.
Del semanario saltó a uno de los diarios más importantes, a una radio al mediodía y a un programa televisivo a la noche. Escribió libros sobre el país, sobre los dirigentes del país y fue honrado por varios premios nacionales e internacionales.
Pinocho intentaba disfrutar de su destino, pero no podía relajarse nunca. Quizás por eso siempre parecía tan duro, tan armado. Cuando alguien (su esposa, su amante, su psicoanalista, su padre, algún fan en el muro de Facebook) le preguntaba si era feliz, él decía que no. Había alcanzado tal grado de perfección en la mentira que él mismo creía en su falsa infelicidad. Así se acostumbró a ser un amargado gran parte del tiempo. Si alguien se hubiera detenido a observarlo, o lo hubiera visto cuando se quedaba solo, lo habría descubierto sentado en una silla, la mirada perdida, el cuerpo como muerto.
 

“No hay que dilapidar las reservas del Central”



A votar se ha dicho



Por Mario Wainfeld
Las disputas interpretativas están de moda. Las elecciones de octubre agregarán su cuota, nada desdeñable. Sólo para empezar habrá cuatro ejes de discusión y análisis:
a) La suma total de votos del oficialismo y de las otras fuerzas. El kirchnerismo “competirá” contra su floja performance de 2009 y la excelente de 2011. Un escenario posible, hasta probable, es que supere las cifras de la elección parlamentaria y quede por debajo del éxito en la presidencial. En tal caso, “las oposiciones” podrán hablar de un tobogán irremontable, el kirchnerismo de su vigencia. Sobre todo (y éste será otro factor a considerar) si queda a buena distancia del partido o coalición que salga segundo.
b) La cantidad de bancas obtenidas. El Frente para la Victoria (FpV) hizo mala cosecha de diputados hace cuatro años, son las bancas que se renuevan. Sus perspectivas de mantener el número son muy amplias, las de aumentarlas también. Para el radicalismo será arduo mantener a los diputados que entraron entonces, entreverados en el surtido de alianzas que se enrolaron en el llamado Acuerdo Cívico y Social, una bandera de conveniencia que cubrió ententes de todo tipo. La Coalición Cívica arriesga todas sus bancas en el Congreso nacional, con pronóstico reservado. El PRO sólo acumuló en su feudo, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Esta vez podrá añadir en Santa Fe y en la provincia de Buenos Aires, si “arma” bien. Para el Frente Amplio Progresista (FAP), formado por varias fuerzas que confluyen aunque aspiran a conservar sus espacios propios será todo un desafío sostener su segundo lugar y mantener la unidad. Los principios son importantes, pero cuando se arman las listas, las divisiones por despecho acechan al más pintado.
En el Senado se renueva un tercio del elenco versus la mitad de Diputados. Y la votación de referencia es la de 2007, propicia para el kirchnerismo. Ahí será difícil para el oficialismo mantener lo que tiene, ni qué hablar de crecer. En la Capital, por esos avatares de la política, cuenta con dos senadores que acompañan a la Casa Rosada, pese a haber obtenido un solo curul. Es peliagudo que en octubre mantenga esa primacía, también será arduo conservar los tres votos que suele recibir de los senadores fueguinos.
El PRO, que dilapidó su ocasión en 2007 y no entró al Senado, tiene que buscar revancha en el redil porteño. El senador por minoría ya lo mejoraría pero sería un mal trago, en el distrito más propicio. Una paradoja parecida a la que acecha al kirchnerismo en el plano nacional.
Para la Casa Rosada será sustancial mantener la mayoría estrecha (que se plasma en cada sesión) de Diputados y Senadores. Es una de las claves de la gobernabilidad futura. Uno de los recursos institucionales con los que puede contar para transitar el bienio de fin de mandato. El kirchnerismo también cuenta con las herramientas de todo aquel que gobierna, subestimadas en los análisis “republicanos”: los logros de la gestión, el modo en que viven los argentinos, la lectura de cada uno de ellos respecto de cómo le está yendo.
c) La perspectiva de una reforma constitucional, medida en la exigencia de contar con dos tercios de cada una de las Cámaras. Una valla que parece muy difícil de saltar. Las oposiciones han tenido la astucia de proponer este issue como central, en 2012. Les da una bandera común, que no tiene muchas. Y posibilita que se decrete vencedora si el kirchnerismo no llega a juntar esa bocha de bancas, más allá del resultado estricto del reparto en el Parlamento.
d) El reacomodamiento, si lo hay, de las fuerzas opositoras y de sus líderes. Las alianzas o coaliciones son, por ahora, pura especulación de verano.
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Aspirantes en pugna: El ex gobernador Hermes Binner, el candidato mejor parado en las presidenciales, debe volver al ruedo y jugarse una parada brava para entrar a la Cámara baja, compitiendo con el FpV (su tradicional rival) y con el cualunquista PRO Miguel del Sel. Santa Fe puede ser clave para generar horizontes futuros. El Midachi estuvo a un tris de ganar la gobernación, es un adversario fuerte para los dos partidos dominantes en la provincia.
Entre los radicales, el ex vicepresidente Julio Cobos imagina primar en Mendoza y reposicionarse como presidenciable. Su relativo potencial desnuda las limitaciones de liderazgo de la Unión Cívica Radical (UCR). Por ahora no emergen otras figuras fuertes con perspectivas de triunfar en una provincia grande. En ese terreno, parecen haber quedado muy atrás del macrismo y del FAP, que también arriesgan mucho.
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Sin Néstor ni Cristina: El kirchnerismo disputó cinco elecciones nacionales desde 2003. Suele decirse que perdió esa vez, distorsionando los hechos y premiando la mala fe del ex presidente Carlos Menem. Ganó, porque quedar segundo del riojano en la primera vuelta era asegurarse una goleada favorable en la segunda. Así las cosas, el oficialismo prevaleció en cuatro de las elecciones y fue derrotado en 2009.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner siempre se impuso con holgura, superando los pronósticos. El fallecido ex presidente Néstor Kirchner ganó una y perdió una. Esta será la primera ocasión en la que no estará ninguno de ellos en alguna boleta electoral. Es un dato relevante, una merma para el oficialismo. Y acaso una pista de ensayo para el 2015 cuando, si no hay reforma constitucional, será inevitable un reemplazo.
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La atonía sin éxtasis: Los comicios de 2005 fueron proféticos acerca de la viabilidad del kirchnerismo, tanto como de las condiciones políticas y virtualidades como candidata de la presidenta Cristina.
Los de 2009 pronosticaron una caída que no ocurrió. El actual oficialismo fue, desde 1983, el único que repuntó tras un revés dos años antes de la renovación presidencial. Revisó sus premisas, renovó su agenda, apostó a doble o nada.
De cualquier forma, ese fue el momento más propicio para sus adversarios, sobredeterminado por el conflicto de las retenciones móviles. Los opositores políticos dejaron pasar ahí su oportunidad, mal conducidos por los grandes medios y las patronales agropecuarias.
No está escrito que esos escenarios se repitan como calco. Nada es igual al pasado y los protagonistas tienen memoria, se supone.
Igualmente, da la impresión de que las oposiciones juegan casi todas sus barajas a una debacle del gobierno nacional. El agotamiento del ciclo, la factible ausencia de la líder del oficialismo, fallos adversos al Estado en el caso Clarín o en la Cámara de Nueva York, conflictos sociales o sindicales... No es una apuesta ridícula: al fin y al cabo en sistemas democráticos estables las elecciones son gobierno céntricas: mayormente las gana o las pierde el oficialismo. Pero es una apuesta mezquina, algo catastrofista y connotada por la falta de laburo y creatividad políticos. Poco o nada han construido los opositores. Nadie oferta un programa alternativo, diez medidas, una pista acerca de cómo mejorar las políticas sociales del kirchnerismo. Contados encuentros de militantes, nula producción de think thanks o de encuentros de dirigentes o profesionales. Los medios hacen lo imposible por embellecer la oferta alternativa, pero los protagonistas no ayudan, por lo general.
La Argentina es más predecible hoy que a principios de siglo. Hay deficiencias de información, algunas graves como el índice nacional de precios al consumidor. Pero, así y todo, hay números más certeros sobre recaudación impositiva, reservas acumuladas, predicciones de cosechas... hasta sobre la cotización oficial del dólar. Y cien etcéteras. La oposición critica el “relato” kirchnerista ofreciendo otro, que guarda silencio sobre los desempeños previos de peronistas federales y radicales. Pero nada propone sobre la Argentina futura, que no sean generalidades.
Su baza es que el kirchnerismo pierda por K.O. y que la piña la ponga la realidad, el contexto o como usted quiera llamarlo. Puede suceder, es un enigma qué sobrevendría.
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Los que se mueven: El diputado Fernando “Pino” Solanas primerea con su candidatura a senador porteño. Movida astuta, que puede impactar en una competencia en la que el PRO y el FpV no dejan lugar para muchas opciones más.
El intendente Sergio Massa se constituye en referencia provincial. Los intendentes lo rondan, lo ven con potencial. La mirada de los colegas siempre es digna de atención. Los sondeos (menos rigurosos, sobre todo cuando faltan meses) le asignan buena intención de voto en Buenos Aires. Es verosímil, no así las proyecciones nacionales que algunas consultoras le atribuyen a un alcalde que debe ser desconocido para la mayoría de los no bonaerenses. Massa, que es binorma como el gobernador Daniel Scioli (puede jugar con oficialismo u oposición), podría ser un tercero relevante en discordia. Habrá que ver si se lanza y cómo se lanza.
El gobernador chaqueño Jorge Capitanich agrega una innovación a la nutrida picaresca electoral. Declara que será candidato a senador. Una testimonial ma non troppo o intermitente. Si las cosas no van bomba, el hombre podría ir a la Cámara alta dentro de dos años.
El oficialismo no ha dado aún con una figura taquillera para “la provincia” (Buenos Aires, se entiende).
Todos están en campaña aunque no lo muestren y los movimientos sean lentos y poco atractivos.
Las elecciones distritales (legislaturas de provincias y municipios) añadirán complejidad. Dos provincias renuevan gobernador, entre ellas Corrientes, el último bastión del radicalismo. Al interior del FpV habrá que ver si la Presidenta puede hegemonizar las listas como lo hizo la última vez. Dependerá mucho de cómo le vaya en la gestión, que es la mayor vara de medida de los gobiernos. Y condicionará su soltura para seguir gobernando.
La carrera dará para mucho, habrá que ir viendo.

lunes, 21 de enero de 2013

El represor Vergez condenado a 23 años de prisión trabajó para Lanata y Chiche Gelblung

LESA HUMANIDAD

Héctor Pedro Vergez: “Trabajé cuatro meses para Lanata haciendo investigaciones que me pedía”

El convicto capitán retirado, quien cumple condena de prisión por delitos de lesa humanidad, reveló que trabajó para el periodista realizando “investigaciones e incluso algún reportaje bastante liviano que me pedía”.

Durante una entrevista exclusiva concedida a Télam en el penal de máxima seguridad de Marcos Paz, dondehabló de distintos temas, el represor, que se encuentra purgando una condena de 23 años de cárcel por elsecuestro y desaparición de Javier Coccoz y Julio Gallego Soto, y por el secuestro de la esposa del primero,Cristina Zamponi, contó algunos detalles de su relación con el mundo periodístico. Vergez dijo que en los años noventa, después de publicar el libro ‘Soy Vargas’ (uno de los alias que utilizaba para cometer sus tropelías) fue convocado por el periodista Jorge Lanata.
“Trabajé directamente para Lanata, que me llamaba por teléfono para pedirme investigaciones e incluso algún reportaje bastante liviano”, relató, y luego detalló que “lo que más le interesó fue una investigación que hice sobre un director de ATC que en su momento había puesto Menem, uno flaco alto, pero ahora mismo no recuerdo su nombre”, refiriéndose probablemente a Horacio Frega, presidente de la emisora a fines de esa década, con quien Lanata tuvo varios entredichos en aquel entonces. El capitán retirado, reconoció un poco molesto que el actual conductor estrella del Grupo Clarín lo mantenía “oculto” y que nunca blanqueó la relación que mantenían. En cambio, se refirió cariñosamente a otra figura del periodismo, Samuel Gelblung, para el que también trabajó.
“Chiche fue más noble que Lanata, porque me tenía como panelista” en su programa de TV de aquellos años, recordó.
En otro pasaje de la entrevista, Vergez contó como fueron los entretelones de la venta de los archivos del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, supuestamente adquiridos por el ex presidente Carlos Saúl Menem durante su segundo mandado, en 250.000 dólares.
“La negociación, que estuvo a cargo de (Juan Bautista) ‘Tata’ Yofre y Fabián Doman, terminó bien”, reveló, volviendo sobre sus conocimientos sobre las actividades “poco conocidas” de algunos periodistas.
“Menem le pagó 250.000 dólares a (el general de brigada retirado Jorge Ezequiel) Suárez Nelson. Podés preguntárselo al propio Menem. Decile que yo te lo dije”, le dijo Vergez a Télam.
Suárez Nelson, a quien Vergez señaló como quien fuera su jefe directo en la inteligencia militar y que llegó a jefe del referido Batallón de Inteligencia 601 (con sede en un hoy abandonado edificio de la avenida Callao y Viamonte)falleció el 17 de octubre de 2008.
Vergez, está acusado de ser un asesino serial (de las familias Pujadas y Vaca Narvaja, de estudiantes bolivianos, etc.) antes y después del golpe de estado cívico-militar de marzo de 1976.
Antes del golpe, fue uno de los fundadores y jefes del “Comando Libertadores de América”, versión cordobesa de la Triple A.
Después del 24 de marzo fue jefe del campo de concentración y exterminio “La Perla”, en las afueras de la ciudad de Córdoba.
Por lo primero todavía no fue juzgado, y está siéndolo por lo segundo, pero ya ha sido condenado a 23 años de prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos posteriormente en área del Primer Cuerpo de Ejército y particularmente por lo que la inteligencia militar denominó “Operativo Redondo”.
Fue a partir de este juicio, recientemente concluido, que surgió el interés por los esfumados archivos de la inteligencia militar, archivos que contienen, entre otras cosas, los dichos de centenares sino miles de detenidos-desaparecidos, por lo general obtenidos bajo tortura.
El interés en los mencionados archivos surgió, más precisamente, por la aparición de las transcripciones de los supuestos interrogatorios hechos por la inteligencia del Ejército al contador Julio Gallego Soto –quien había sido un estrecho colaborador de Juan Perón– y a Rafael Perrota, director del diario “El Cronista”. Ambos permanecen desaparecidos.
Vergez, que fue condenado por el secuestro de Gallego Soto y por el del jefe interino de la inteligencia del ERP(Ejército Revolucionario del Pueblo) Javier Coccoz, también desaparecido, a 23 años de prisión, negó haberlos asesinado y señaló a sus presuntos victimarios.
Finalmente, consultado sobre si siente algún tipo de arrepentimiento, afirmó “soy militar, nos prepararon para matar. En una guerra se mata y se muere. Cuando matás al primero es un shock. Después es menos duro”, concluyó. 

Apuntes acerca de la supuesta falta de diálogo del gobierno nacional

 Por Carlos A. Andujar * y Carlos J. Andujar (h) **

En 1958, el dramaturgo suizo/alemán Friedrich Dürrenmatt (1921-1990), uno de los escritores contemporáneos más importantes de Europa, escribió Proceso por la sombra de un burro.
Ambientada en la Grecia de hace 2500 años, narra el proceso judicial entablado por un dentista que alquila unburro a un asnero. El asnero lo sigue y verifica que, como hace mucho calor, el dentista se pone a descansar un rato a la sombra del burro, por lo que quiere cobrarle un “adicional” por ese motivo.
A partir de ese momento todos los habitantes e instituciones de la ciudad, que se llama Abdera, van tomando partidopor el asnero o por el dentista: sindicatos, iglesias, representantes del turismo, jueces, vecinos, partidos políticos y gobernantes.
Hasta la asociación defensora de animales participa de la controversia optando, obviamente, por defender los intereses del burro.
Al comienzo de la obra, el corregidor, una especie de juez, angustiado por el litigio que llega a su estrado, reflexiona frente al público:
“Si un rico viene con un ladrón, siempre escucho primero al rico, naturalmente siempre el rico tiene razón. ¡Lo que un hombre posee es de él, y de nadie más! ¡No hay que robar! Después escucho al ladrón, y bueno…,también él tiene razón. No se puede pasar hambre… El hombre necesita el pan. Existe pues un derecho del rico y un derecho del pobre. ¿Acaso debería yo tomar partido? Por eso debo proponer siempre la paz, para que todos puedan tener razón.”
Todos opinan, participan y pelean hasta que, finalmente, la paz pretendida por el corregidor no llega.La ciudad se incendia y desaparece. Es, en definitiva, una nueva historia de la “estupidez de la especie humana”.
Nos preguntamos, ¿qué significa en nuestros tiempos proponer la paz? ¿Pueden todos tener razón?
Desde los medios concentrados, sectores de la oposición sostienen un discurso, del que se hace eco parte de la población, sobre la supuesta falta de diálogo, de voluntad de acordar del gobierno nacional.
Se ha escuchado decir desde que la Presidenta es autoritaria hasta que está muerta la república y que vivimos en una dictadura.
En una sociedad donde los sectores de poder estaban acostumbrados a “acordar” y “dialogar” con el poder político, es lógico que quienes hoy pierden sus negocios y privilegios alcen la voz y reclamen ser escuchados.
Ningún proceso de transformación real y profunda de la sociedad puede ser realizado en armonía con todos los sectores, simplemente porque la sociedad capitalista no es armoniosa y equilibrada sino esencialmente conflictiva y contradictoria.
Mejorar la situación de algunos implica necesariamente que otros cedan. Para darles la palabra a los que no tienen voz hace falta que otros se callen un poco.
¿Qué habría sucedido si el Gobierno y Marsans hubiesen dialogado, preservando la paz social, una salida acordada del grupo español de Aerolíneas?
O si se hubiese priorizado la paz social en el proceso de estatización de la AFJP, la compra del paquete accionario de Repsol para controlar YPF, la implementación de la ley de medios, la fijación de retenciones a las exportaciones, las prohibiciones para ahorrar en moneda extranjera o en la pelea con los fondos buitre.
Qué habría pasado si se hubiese acordado, no buscando confrontar, con los detractores de la Asignación Universal por Hijo o la incorporación de dos millones de nuevos jubilados al sistema previsional.Seguramente hoy nuestro país sería otro.Más pacífico, más armonioso, con menos controversias y confrontaciones, sin odios…
Un país en donde las estructuras de poder vigentes en la década del noventa sigan dirigiendo, con “armonía y diálogo”, los destinos de todos y todas los argentinos, produciendo pobreza y desigualdad, con un incendio por empezar a la vuelta de cada esquina.
Todavía quedan por realizar muchas reformas estructurales. Hacer progresivo el sistema tributario, aumentar la participación de los salarios regulando las ganancias y utilidades de los sectores con rentabilidad record, eliminar los privilegios de la activad minera y financiera, implementar un mecanismo de actualización de las asignaciones universales por hijo, son sólo algunas de ellas. Todas, sin excepción, implicarán necesariamente tocar intereses establecidos y enquistados, quienes no querrán ceder ni un ápice del espacio ganado.
Once años después del incendio de 2001, y con Abdera, la ciudad griega de la obra, desaparecida, queda claro queel camino es tomar decisiones políticas con la legitimidad que otorga el sistema democrático y lalegalidad que brinda el respeto a las normas, aunque ellas, inevitablemente, generen, en los sectores afectados, quejas y enojos.
Ladran, Sancho, señal de que estamos avanzando… * Actor. ** Docente UNLZ FCS.

martes, 1 de enero de 2013

"Paradojas" de la Sociedad Científica Argentina

En noviembre de 2011 Carlos Pedro Blaquier (sí, el mismo de la Noche del Apagón, recientemente juzgado en Jujuy) fue designado Miembro Honorario de la Sociedad Científica Argentina.

Muchos científicos, docentes y técnicos se manifiestan contrarios a ese nombramiento, y piden mediante una solicitada que se revea.

A continuación un enlace al texto de la solicitada:
http://soydondenopienso.files.wordpress.com/2012/12/blaquier_301212.pdf