Propuesta de un balance que no subestime las continuidades. Lo que perdura y se consolida en lo económico y en ampliación de derechos. La desigualdad, la informalidad, los desafíos de segunda generación. Más Estado para responder a la crisis. El universo opositor. La calle en disputa. Demasiadas centrales obreras. Desafíos y brindis.
Por Mario Wainfeld
El venezolano Hugo Chávez y el norteamericano Barack Obama fueron reelegidos presidentes por sus pueblos, en este año que se va. El francés François Hollande y el español Mariano Rajoy relevaron, merced al voto, a sus adversarios políticos, caídos en desgracia. Los años electorales organizan a las sociedades, estructuran las instituciones, son la mejor marca para el balance político. En 2011, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner revalidó su legitimidad, con números formidables. Los pronunciamientos populares en las urnas tienen una densidad, un valor y un impacto que solo la mala fe o la banalidad pueden comparar con encuestas de imagen o de intención de voto. O con percepciones, siempre subjetivas o sectoriales, de “climas” o profecías de finales de ciclo.
Obama asumirá en enero. No es seguro qué pasará con el gran líder bolivariano, cuya salud pone en vilo a su patria y a toda la región. La cruel incertidumbre ilustra sobre la gravitación de los imponderables. La salud de grandes protagonistas es uno de los tantos avatares que sacude a la historia, agravando la dificultad para contarla día por día. Y, mucho más, trabando la vanidad de lanzar profecías que a menudo son corazonadas en cualquier acepción de la palabra.
Cuando no hay elecciones, los balances políticos se hacen más difíciles de estructurar y se corre el riesgo, tan propio del periodismo, de fascinarse por la enumeración de los hechos, en especial los que rompen la inercia cotidiana. Los balances mediáticos se engolosinan con plegarse a “las tapas de los diarios”, las “x” fotos que cifran la historia de un período convencional de 366 días. A diferencia de lo que ocurre en lo que hacen las personas comunes, cree el cronista, los analistas subestiman las continuidades, lo que persiste, lo que sigue andando, lo que está en pie.
Las peripecias, las rupturas, las innovaciones, las pérdidas materiales, las muertes dejan sellos imborrables. No se trata, más vale, de negarlos o de ningunearlos: a mayor gravedad o irreparabilidad mayor será el error.
Esto asumido, propone este escriba, lo que perdura tiene una centralidad que ciertos relatos dejan de lado o subvaloran.
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Estabilidad y sustentabilidad:
La sociedad argentina ha construido y conquistado 29 años continuos de democracia, lejos la mayor marca de su tumultuosa historia. El kirchnerismo lleva más de nueve, es una porción importante. Le vale como mérito compartido, también como instrumento para medir aciertos, errores y falencias. Gobernó casi un tercio de esta etapa, la “herencia” que recibió la Presidenta es de su propia cosecha, en una fracción alta.
La estabilidad desde 2003, la gobernabilidad, un nivel alto (comparado con los parámetros domésticos) de sustentabilidad política y económica... he ahí bastiones del oficialismo que el transcurso del tiempo solidifica. Se atravesaron crisis económicas, se repecharon derrotas políticas (una sola en el cuarto oscuro, pero una al fin). Se bancaron fugas de capitales, medidas de fuerza tremendas muy infrecuentes en otras latitudes, este año saqueos y movilizaciones callejeras masivas.
Se sostuvo, en lo básico, el “modelo”. Se suceden las rutinas democráticas, con estridencia y un pequeño puñado de episodios cuestionables aunque, básicamente, con calidad institucional más que razonable. Y con veredictos populares rotundos, dignificados por altos niveles de participación que siempre mueven la aguja.
Los millones de trabajadores que recobraron el empleo y están formalizados pugnan con la inflación, digamos en paridad. Llevan años de cobrar aguinaldo, tener vacaciones pagas, una cobertura de obra social que es imperfecta pero no inexistente.
Millones de personas que estaban condenadas a sobrellevar sus años últimos sin conchabo ni protección social, accedieron a la jubilación. La siguen cobrando. La puntualidad, los aumentos semestrales no tienen punto de comparación con lo sucedido desde 1976, salvo en lapsos muy efímeros.
La Asignación Universal por Hijo (AUH) clama por actualización de su valor, por ampliación parcial del universo cubierto, por la implementación por ley. Con esos faltantes, van más de tres años de continuidad que aliviaron el cotidiano de otros millones de hogares.
Los juicios que investigan las violaciones de derechos humanos se suceden con normalidad. Cubren casi todo el mapa nacional, pese a la resistencia de jueces y fiscales de muchas provincias. Hay más condenas, también algunas absoluciones que lastiman la sensibilidad de los familiares y las víctimas sobrevivientes. Al unísono, comprueban que los procesos no son parodias con la sentencia escrita de antemano, que las garantías rigen para todos.
Los matrimonios igualitarios se celebran y suceden, sin alharaca. Algunas parejas se separan, las reglas de la vida y la convivencia rigen para todos. Otras adoptan, tienen hijos. La ley de identidad de género innova y avanza en ese sentido de la ampliación de derechos.
Las elecciones de medio turno llegarán escalonadas, como lo son por regla. Moverán el tablero, qué duda cabe. Serán un eslabón más de una buena costumbre, firmemente instalada.
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Los años bisiestos:
En los tres mandatos, los años bisiestos fueron difíciles para el kirchnerismo. En abril de 2004, la irrupción desestabilizadora e imprevista de Juan Carlos Blumberg puso en vilo al ascenso formidable del presidente Néstor Kirchner. La tragedia de Cromañón para fin de año sacudió el escenario y se terminó llevando puesto al principal aliado de la ambiciosa “Transversalidad”.
En 2008 el conflicto por las retenciones móviles enhebró la avaricia feroz de las patronales agropecuarias con errores tácticos graves del Gobierno. Le dio una bandera de unidad a la oposición goleada en las urnas, excitó un federalismo sin programa nacional. Se catapultaron presidenciables alternativos. Ninguno llegó a serlo en 2011, pero eso era ignoto cuando transcurrían los hechos. La crisis económica mundial comenzaba a pegar, agravada por los vaivenes de la política local y por una sequía machaza.
En 2012 no llovió de menos sino de más. Los que conocen aseveran que las inundaciones son menos letales que “la seca” pero igual resienten el funcionamiento de una economía que mira demasiado al cielo. La dependencia de los climas stricto sensu es una fragilidad del “modelo” que apunta a un desarrollo integral y a la industrialización que son, por lo visto, un objetivo no concretado plenamente.
El crecimiento, la satisfacción creciente de necesidades, la creación de puestos de trabajo, la redistribución de la riqueza, un afán igualitario en lo material están entre las prioridades del kirchnerismo. Mucho se ha avanzado en ese sentido, aunque no en 2012. La informalidad sigue cementada en un nivel muy alto. La Encuesta Permanente de Hogares, otros indicadores como la cantidad de cuentas bancarias sueldo, el olfato indican que la creación de nuevos puestos formales cesó o retrocedió.
Los niveles de empleo acaso se mantuvieron, pero con ascenso de la proporción de laburantes menos protegidos. Los que no remarcan sus ingresos vía paritarias, los que padecen más las vicisitudes de los veranos sin changas, los que ganan menos que sus compañeros de clase, he ahí quienes más resienten las épocas de freno al crecimiento. Son, en cifras redondas, un tercio de la clase trabajadora, y un enorme de-safío pendiente. Las clásicas desigualdades han mermado bastante, que no lo suficiente. Las asimetrías al interior de la clase trabajadora son otro desafío pendiente y acuciante.
La salud, la vivienda y el transporte urbano de pasajeros son carencias de segunda generación que exigen seguramente algo más que un repunte de la economía. Penden como necesidades desde hace años. La tragedia ferroviaria de Once, 51 muertes evitables, transformó en herida social esa deuda y volvió a iluminar enormes carencias de gestión oficial. No han sido cubiertas y deberían estar en el primer lugar de la agenda pública.
Otro tanto ocurre con el “sistema de salud”, por darle nombre a un aglomerado de tres subsistemas: lo público, las Obras Sociales, las prepagas. El gasto per cápita conjunto es mucho más alto que los desempeños, que damnifican a todos los argentinos, en especial a los más vulnerables. La ausencia de políticas nacionales ahonda el problema. El ministerio del ramo es, tal vez, el que peor ha sido ocupado durante los dos mandatos de la presidenta Cristina.
La falta de viviendas para muchos ciudadanos y el hacinamiento urbano son problemas extendidos. A veces hacen chispa, ocurre a diario sin que salten a los medios. Se transforman en noticias cuando cunde la violencia: el parque Indoamericano, la zona de Ledesma, en cierta medida en los saqueos de este diciembre. Violencia familiar, agresiones sexuales a las mujeres, la proliferación de jóvenes “ni ni” que salen de sus casas y van a la esquina sin mejores horizontes que la vagancia, la violencia anómica o la merca. El problema es mayúsculo, imposible de reparar de un plumazo. Un año de merma de la obra pública y de la construcción privada es el peor contexto. Si, como todo lo indica, hay reactivación en 2013 la vivienda popular masiva debe ser una de las prioridades. El programa Pro.Cre.Ar es una notable iniciativa del Gobierno, cuya magnitud no alcanza para resolver plenamente el reto.
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Más Estado ante la crisis:
Pro.Cre.Ar integra el haz de acciones contracíclicas que dispuso el Gobierno cuya decisión básica, frente a un colapso de la economía internacional, fue acentuar la intervención estatal. Un rumbo encomiable, consistente con su ideología y sus mejores banderas. El activismo se manifestó en la defensa de los puestos de trabajo existentes y en el mantenimiento de la inversión social. En un terreno más jugado a futuro, remarquemos las movidas más ambiciosas, que no las únicas.
La reestatización de YPF, la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, la regulación del mercado de capitales y el cambio de paradigma respecto del atesoramiento de dólares. El sesgo es el mejor, aunque (¿porque?) solivianta a distintos sectores del establishment. Genera reacciones de colectivos poderosos, que se hacen fuertes con herramientas fácticas, porque las contiendas democráticas no le son propicias ni, tal vez, estimulantes.
A diferencia de otras grandes medidas del kirchnerismo (la AUH o la eutanasia de las AFJP, entre muchos ejemplos) los cambios sembrados en 2012 no generan frutos cosechables en el corto plazo. He ahí un dilema para un gobierno democrático, que está pendiente de la aprobación cotidiana de la ciudadanía.
El largo plazo no es la mejor carta de presentación en las elecciones. La bandera de YPF conmueve multitudes pero el consenso masivo exige que se trasunte en mejoras del abastecimiento o en una baja del déficit energético que derive fondos a otras áreas del Estado. Los préstamos que activó el Central contradicen el sentido común de la derecha nativa pero sus repercusiones todavía no se dejan ver en el bolsillo de los argentinos.
Las acciones están entre lo mejor disponible, sus frutos se verán más adelante.
Haber honrado la deuda externa sin desfondar las reservas, contra todos los augurios de los médicos brujos de la City, habilita un 2013 más aliviado en términos de pagos al exterior. La plata es fungible, lo que no va para afuera puede derramar adentro. Por añadidura, un mejor diferencial puede paliar las restricciones a las importaciones, que a menudo se implementaron con trazo muy grueso. El Estado más solvente puede ser el eje de la recuperación del crecimiento, sin el cual es muy peliagudo mantener los niveles de popularidad del oficialismo.
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Las oposiciones:
Ningún liderazgo opositor mejoró significativamente su posición relativa después de la debacle electoral.
El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, asegura que irá por la presidencia en 2015, aumentando la oferta de un mercado que rebosa candidatos pero es parco en liderazgos o hegemonías. En el distrito más rico del país, urbano él, también hace estragos la lluvia. Nada para mostrar tiene Macri como gestor, solo lo aúpan los medios dominantes y ser un abanderado para la derecha. Con tan poco es primus inter pares, lo que habla menos del primus que de la atonía de los pares.
El socialismo de Hermes Bi-nner tiene a su referente sin cargo institucional (o sea, resignado a ser comentarista en canales de cable) y padece los males de la gestión provincial. La policía brava le ha hecho poco favor al gobernador Antonio Bonfatti: vínculos con el narcotráfico y cuatro muertes violentas (una parece ser accidental) durante los saqueos. Mala performance para una fuerza que hace culto de la administración seria y la no violencia. Miguel del Sel, un bufón cualunquista, amenaza con una buena elección en un distrito que disputan las dos fuerzas más votadas a nivel nacional el año pasado. Un dato que ilustra acerca de riesgos que acechan al sistema político, del que todos los actores sistémicos deberían tomar nota.
En el radicalismo parece resurgir el ex vicepresidente Julio Cobos, acaso su mejor carta para hacer elección decorosa en una provincia. De nuevo, esa resurrección de un Judas habla más de sus contendientes internos que de las virtudes de “Cleto”.
El Peronismo Federal espera su turno, intensamente ligado a una caída abrupta del kirchnerismo. De vez en cuando trata de tirar del mantel para fomentar su fantasía. Poco más ha parido hasta ahora.
El secretario general de la CGT, Hugo Moyano, es un elefante en un bazar cuando juega a la política. Convoca sin ton ni son, se junta con cualquiera, difumina su perfil de luchador. Sus acciones más propicias para debilitar al Gobierno fueron las huelgas con bloqueos. Los actos tuvieron personalidad y concurrencias decrecientes. Es un alerta para el oficialismo y el sistema político: esa vía, la más eficaz, podrá repetirse.
La división de las CGT, ya que estamos, es uno de los acontecimientos políticos más deplorables del año. Las “fotos” de las dos centrales resultantes coinciden en algo: los dirigentes impresentables superan a los rescatables. La división del movimiento obrero, acentuada por el antecedente de la Central de Trabajadores Argentinos, debilita al conjunto. Dificulta las interlocuciones, torna ilusorio cualquier mecanismo similar al Consejo Económico y Social. Y convierte en utópicas acciones deseables como una batida contra la evasión patronal coprotagonizada por el Estado y los sindicatos.
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La calle:
Multitudes marcadamente opositoras ocuparon la calle, con una clara composición de clases medias y altas. La movilización exitosa les agrada a todos, sin duda insistirán en el recurso y la disputa del espacio público será un eje de los meses próximos. Cómo “cruzar” eso con la disputa electoral es, por ahora, un enigma indescifrable para la oposición.
En el terreno institucional, los partidos opositores ganaron terreno en dos acciones de obstrucción. Consiguieron vetar a Daniel Reposo como candidato a la Procuración General, para bien del sistema y en última instancia del propio Gobierno. E hizo agenda con el “no a la re-re”, que le permitió acciones vistosas y un prospecto de interpretación triunfalista para los comicios legislativos.
La sucesión presidencial será un eje de la problemática del oficialismo. No parece que pueda conseguir las exigentes mayorías parlamentarias para promover la reforma constitucional. Y sería muy peliagudo, en ese hipotético caso, que ganara con mayoría propia o aliada la elección para constituyentes. Tampoco da la impresión que la Presidenta ambicione jugar esa baraja. Cuando habló, más bien dijo lo contrario.
La Casa Rosada posterga, con buena lógica, avanzar sobre el punto cuya anticipación conviene a sus adversarios. Lo más probable es que la presidenta Cristina deba mirarse en el espejo de su ex par brasileño, Lula da Silva y buscar alguien que la suceda, validado por el peso de su propio carisma. Pero el porvenir es abierto y la primera misión del oficialismo es gobernar como lo vino haciendo... el apuro es de sus antagonistas, de los peronistas federales en especial.
El principal actor opositor sigue siendo el Grupo Clarín, embravecido por la ley de medios y por sucesivas derrotas en la “batalla cultural”. Su feroz intransigencia (que cada día trasgrede otro límite) damnifica la credibilidad periodística en tanto lo hace temible para la estabilidad democrática.
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Como la cigarra:
Ya es costumbre declarar concluido el ciclo del kirchnerismo. De momento, es la fuerza política más votada, la que congrega más militantes jóvenes, la que sostuvo la gobernabilidad con viento de cola o de proa, con la oposición amansada o en trances de tentación destituyente.
Esta columna rehúye la tentación futbolera de calcular si el 8-N o el 20-N ganaron, perdieron o empataron versus la movilización del 9 de diciembre. Pero sí consigna que ese acto iluminó la adhesión de sectores populares mezclados con integrantes de la clase media, supuestamente ajena al oficialismo. Entre ella, una cantidad nada desdeñable y creciente de militantes jóvenes. Minorías muy conscientes de sus derechos, como las que representan a los gays y a los pueblos originarios, le reclaman por ampliar sus derechos pero la prefieren a sus supuestas alternativas.
La palabra de la Presidenta nunca es protocolar ni hueca y sigue sacudiendo el escenario político. Ningún referente político consigue que una muchedumbre lo escuche con atención durante tres cuartos de hora, abigarrados en la Plaza histórica.
Se le cuestiona haber renovado su elenco con los jóvenes de La Cámpora o con la designación de Martín Sabbatella. El cronista discrepa. A su ver, la transfusión generacional es valiosa cuanto inexorable. Es más, cree que los cambios en el primer nivel del Gobierno deberían ser más numerosos e intensos. Eso no prejuzga sobre el desempeño de los que entran a la cancha, que deberán estar a la altura del poder que se les transmite.
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Foto y película:
Mucho tendrá que hacer el Gobierno para reparar desigualdades de viejo y nuevo cuño en los años venideros. Mucho para emprender reformas de segunda generación. Mucho para mantener su reputación y el favor que le prodigan las mayorías, con fuerte acento popular. No es su misión subsanar una falla del sistema republicano: la ausencia de una propuesta alternativa opositora atendible, vertebrada, progresista y con virtualidad electoral.
Son peculiares estas pampas. Se denuncia que se vive en una dictadura, mientras se dice de todo sobre el Gobierno y la primera mandataria. Una ex ministra kirchnerista es condenada en Tribunales, mientras los ex presidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa son absueltos respecto de delitos más graves. La Corte Suprema premia las chicanas de Clarín, prorrogando una medida cautelar infundada digna del Gui-nness, contra una ley que el Gobierno considera determinante. Si esto es una dictadura, las dictaduras dónde están.
El cronista cree que la Argentina tiene una democracia vibrante, con crecientes niveles de participación y politización. Y, fiel a validar las continuidades, reitera una costumbre profesional. Es la de brindar (¡ay!, de modo virtual) por un buen año para todas y todos los lectores que lo acompañan, lo gratifican y lo desvelan. Un año, como todos, de cambios y continuidades construidos por la dirigencia y también por la vivaz sociedad civil argentina, que ojalá siga siendo dueña de su destino.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Margaret Thatcher quiso llegar a un acuerdo para evitar la guerra de Malvinas
REVELACIONES DE DOCUMENTOS SECRETOS BRITANICOS SOBRE LA GUERRA DE MALVINAS
James Bond, el mundial y el Belgrano
El Reino Unido desclasificó expedientes que dan cuentade que Thatcher quería llegar a un acuerdo para evitar la guerra. El planera de Ronald Reagan, que consideraba a la dictadura argentina como su principal aliada en América latina.
Por Marcelo Justo, desde Londres
La Dama de Hierro no era tan férrea. Los documentos declasificados por elArchivo Nacional británico muestran que la ex primera ministra Margaret Thatcherestaba dispuesta a llegar a un acuerdo con Argentina sobre el estatus y soberanía de lasMalvinas que evitara el enfrentamiento militar entre las dos naciones. En contraposición a la imagen intransigente de Thatcher las minutas sobre las reuniones del gabinete de guerra indican que la primera ministra consideró como un “premio considerable” una solución diplomática discutida a solo dos semanas de la toma de las islas el 2 de abril de 1982.
En esta solución se proponía que Argentina estuviera representada en el consejo gobernante de las islas y en una comisión interina que debería expedirse sobre el futuro de las Malvinas a fin de año a cambio de retirar sus fuerzas militares. “La retirada de los efectivos argentinos se conseguiría sin necesidad de recurrir a una acción militar. Argentina ganaría representación en el comité interino y el consejo local y un compromiso a negociar el futuro de las islas, pero sin garantía previa de que el resultado de la negociación será una transferencia de soberanía. Es repugnante que un agresor obtenga algo de su agresión, pero parece un precio aceptable a pagar”, señalabaThatcher en un documento desclasificado con la rúbrica de “Top secret”.
El plan en cuestión era estadounidense y se planteaba en el marco de la Guerra Fría. El gobierno de Ronald Reagan, que consideraba a la dictadura militar argentina como su principal aliada en América latina, buscaba por todos los medios una solución que le evitara enemistarse con un régimen que consideraba clave en la lucha contrainsurgente regional por el asesoramiento que ofrecían a las fuerzas represivas en El Salvador o a los contras que buscaban derrocar al sandinismo en Nicaragua. Según las minutas del gabinete de Thatcher, el principal obstáculo al plan era la intransigencia de la junta militar argentina. “El presidente Galtieri es un acohólico, aparentemente incapaz de pensamiento racional”, señalan las minutas del gabinete de guerra del 22 de abril.
El hundimiento del General Belgrano (definido durante un almuerzo en la residencia de fin de semana de la primera ministra) y del plan de paz promovido por el presidente peruano Fernando Belaúnde a principios de mayo prácticamente cerraron el camino diplomático, pero aún el 19 de mayo, dos días antes de que las fuerzas británicas desembarcaran en las Malvinas, Thatcher le señaló al gabinete que en “un sincero intento de evitar el derramamiento de sangre, el Reino Unido no ha insistido en que se implementen todas nuestras demandas”.
El presidente Ronald Reagan, que había dado finalmente su apoyo al gobierno británico, intentó a último momento una salida más honrosa para las Fuerzas Armadas argentinas. Una nota de las reuniones del gabinete de guerra revela detalles de la conversación telefónica que tuvo con Thatcher el 1º de junio, 13 días antes de que el general Mario Menéndez se rindiera a las fuerzas británicas comandadas por el generalJeremy Moore.
“El presidente Reagan dijo que Estados Unidos consideraba imperativo que el Reino Unido mostrara su disposición al diálogo. Dado que el Reino Unido tiene ahora una clara ventaja militar debería aprovecharla para llegar a un acuerdo”, señala la nota. A lo que Thatcher respondió que el presidente “actuaría igual si Alaska hubiera sido amenazada de la misma manera”.
Los documentos secretos del Archivo Nacional tienen dos curiosidades. En un plan digno de James Bond, el fiscal general británico sir Michael Havers exhortó a la primera ministra a robar los famosos misiles Exocet franceses con que la aviación argentina había atacado exitosamente a la armada británica. En una nota enviada el 1º de junio Havers reconocía que su plan era “digno de James Bond”.
La idea era adquirir los derechos de transporte de los Exocet que Francia estaba exportando a Perú –y que de allí se dirigirían a Argentina– para terminar llevándose la carga a las islas Bermudas.
Dos días antes, el 30 de mayo, Thatcher le había escrito un telegrama al presidente francés François Mitterrand pidiéndole que postergara la entrega de los Exocet. “Sería un desastre para la alianza (…europea…). Ni usted ni yo queremos eso”, le señalóThatcher a Mitterrand.
El Mundial de Fútbol de 1982 en España también sufrió el impacto del conflicto. ElReino Unido consideró la posibilidad de retirar a Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte y ejerció presión sobre la FIFA para que Argentina –campeona mundial del ’78– no participara en el evento.
El temor era que los equipos tuvieran que enfrentarse en los octavos de final o –muchísimo más improbable futbolísticamente hablando– en la final. Ninguna de las dos cosas ocurrió y hubo que esperar a la copa del mundo en México en 1986 para que Argentina se enfrentara a Inglaterra y la venciera dos a uno, con aquellos dos famosos goles de Diego Maradona, el primero, rebautizado por el jugador (y nunca olvidado por la prensa británica), “la mano de Dios”.
James Bond, el mundial y el Belgrano
El Reino Unido desclasificó expedientes que dan cuentade que Thatcher quería llegar a un acuerdo para evitar la guerra. El planera de Ronald Reagan, que consideraba a la dictadura argentina como su principal aliada en América latina.
Por Marcelo Justo, desde Londres
La Dama de Hierro no era tan férrea. Los documentos declasificados por elArchivo Nacional británico muestran que la ex primera ministra Margaret Thatcherestaba dispuesta a llegar a un acuerdo con Argentina sobre el estatus y soberanía de lasMalvinas que evitara el enfrentamiento militar entre las dos naciones. En contraposición a la imagen intransigente de Thatcher las minutas sobre las reuniones del gabinete de guerra indican que la primera ministra consideró como un “premio considerable” una solución diplomática discutida a solo dos semanas de la toma de las islas el 2 de abril de 1982.
En esta solución se proponía que Argentina estuviera representada en el consejo gobernante de las islas y en una comisión interina que debería expedirse sobre el futuro de las Malvinas a fin de año a cambio de retirar sus fuerzas militares. “La retirada de los efectivos argentinos se conseguiría sin necesidad de recurrir a una acción militar. Argentina ganaría representación en el comité interino y el consejo local y un compromiso a negociar el futuro de las islas, pero sin garantía previa de que el resultado de la negociación será una transferencia de soberanía. Es repugnante que un agresor obtenga algo de su agresión, pero parece un precio aceptable a pagar”, señalabaThatcher en un documento desclasificado con la rúbrica de “Top secret”.
El plan en cuestión era estadounidense y se planteaba en el marco de la Guerra Fría. El gobierno de Ronald Reagan, que consideraba a la dictadura militar argentina como su principal aliada en América latina, buscaba por todos los medios una solución que le evitara enemistarse con un régimen que consideraba clave en la lucha contrainsurgente regional por el asesoramiento que ofrecían a las fuerzas represivas en El Salvador o a los contras que buscaban derrocar al sandinismo en Nicaragua. Según las minutas del gabinete de Thatcher, el principal obstáculo al plan era la intransigencia de la junta militar argentina. “El presidente Galtieri es un acohólico, aparentemente incapaz de pensamiento racional”, señalan las minutas del gabinete de guerra del 22 de abril.
El hundimiento del General Belgrano (definido durante un almuerzo en la residencia de fin de semana de la primera ministra) y del plan de paz promovido por el presidente peruano Fernando Belaúnde a principios de mayo prácticamente cerraron el camino diplomático, pero aún el 19 de mayo, dos días antes de que las fuerzas británicas desembarcaran en las Malvinas, Thatcher le señaló al gabinete que en “un sincero intento de evitar el derramamiento de sangre, el Reino Unido no ha insistido en que se implementen todas nuestras demandas”.
El presidente Ronald Reagan, que había dado finalmente su apoyo al gobierno británico, intentó a último momento una salida más honrosa para las Fuerzas Armadas argentinas. Una nota de las reuniones del gabinete de guerra revela detalles de la conversación telefónica que tuvo con Thatcher el 1º de junio, 13 días antes de que el general Mario Menéndez se rindiera a las fuerzas británicas comandadas por el generalJeremy Moore.
“El presidente Reagan dijo que Estados Unidos consideraba imperativo que el Reino Unido mostrara su disposición al diálogo. Dado que el Reino Unido tiene ahora una clara ventaja militar debería aprovecharla para llegar a un acuerdo”, señala la nota. A lo que Thatcher respondió que el presidente “actuaría igual si Alaska hubiera sido amenazada de la misma manera”.
Los documentos secretos del Archivo Nacional tienen dos curiosidades. En un plan digno de James Bond, el fiscal general británico sir Michael Havers exhortó a la primera ministra a robar los famosos misiles Exocet franceses con que la aviación argentina había atacado exitosamente a la armada británica. En una nota enviada el 1º de junio Havers reconocía que su plan era “digno de James Bond”.
La idea era adquirir los derechos de transporte de los Exocet que Francia estaba exportando a Perú –y que de allí se dirigirían a Argentina– para terminar llevándose la carga a las islas Bermudas.
Dos días antes, el 30 de mayo, Thatcher le había escrito un telegrama al presidente francés François Mitterrand pidiéndole que postergara la entrega de los Exocet. “Sería un desastre para la alianza (…europea…). Ni usted ni yo queremos eso”, le señalóThatcher a Mitterrand.
El Mundial de Fútbol de 1982 en España también sufrió el impacto del conflicto. ElReino Unido consideró la posibilidad de retirar a Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte y ejerció presión sobre la FIFA para que Argentina –campeona mundial del ’78– no participara en el evento.
El temor era que los equipos tuvieran que enfrentarse en los octavos de final o –muchísimo más improbable futbolísticamente hablando– en la final. Ninguna de las dos cosas ocurrió y hubo que esperar a la copa del mundo en México en 1986 para que Argentina se enfrentara a Inglaterra y la venciera dos a uno, con aquellos dos famosos goles de Diego Maradona, el primero, rebautizado por el jugador (y nunca olvidado por la prensa británica), “la mano de Dios”.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Cuestiones de tiempo (la Justicia nos desvela)
Ley de Medios. La Corte, la cámara, Alfonso de vacaciones. Clarin respira…
Por Mario Wainfeld
Antes de la llegada de la sacrosanta feria de enero la Corte Suprema resolvió los dos recursos interpuestos por el Estado Nacional. Rechazó ambos: el per saltum por unanimidad e invocando motivos formales atendibles, el extraordinario con argumentos de pobreza franciscana. Eugenio Raúl Zaffaroni votó en disidencia, lo que lo distingue y le hace honor.
La mayoría (incluyendo a Zaffaroni y excluyendo a Carmen Argibay) ratificó lo que ya había dicho sobre la terminación del plazo concedido a la concesionaria por el artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LdSCA).
La cuestión de fondo seguirá su trámite, hará escala en la Cámara en lo Civil y Comercial antes de recalar en la Corte para que ésta dicte la sentencia final. El itinerario no es tan cuestionable como la precariedad de los razonamientos de la sentencia y un manifiesto doble standard en el modo de imponer dinamismo (hace un ratito apenas) al juez de Primera Instancia y (ayer) a la Cámara.
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No saltarás.
El per saltum se desestima en cinco líneas. No procede, afirma la Corte y por cierto era forzado que se valiera del recurso el Estado, que ganó en primera instancia. Por añadidura, el tribunal mira con malos ojos al recurso de per saltum, dosifica su uso. Considera más sensato que el expediente, de marcada importancia institucional, recorra tres instancias. Es sensato ese criterio, no costaba nada explicitarlo para condimentar (por una vez) con franqueza al ritualismo.
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El año ya pasó, caramba.
La Corte ya se había pronunciado con relación al año otorgado a los concesionarios para adecuarse a las restricciones antitrust de la LdSCA. Pero la Cámara en lo Clarín y Comercial le tomó el pelo: adujo otra interpretación, la más generosa con el Multimedios. Era una burla al Tribunal, al que éste responde con precisión aunque con blandura.
La Cámara pecaba de inconsistencia: si Clarín disponía de un año de gracia, la ansiógena medida cautelar perdía razón de ser. Se derrumbaba el riesgo inminente, uno de sus pilares. Pero a los camaristas no los mueve el rigor sino la sumisión. La Corte (re)puso las cosas en su lugar. Algo queda claro: si al final del largo recorrido se convalida la constitucionalidad, el trámite de oficio quedará allanado. En ese trance hipotético, recobraría vigencia la notificación a Clarín efectuada por el titular de la Agencia de Servicios de Comunicación Audiovisual, Martín Sabbatella.
La Corte consigna este aspecto como una victoria parcial del Estado. Es demasiado decir ya que se redunda en lo ya expresado, aunque el punto podrá ser decisivo en su momento. La jueza Argibay no quiso expedirse sobre este punto, candente en el debate público basándose en formulismos vacíos. Falsa asepsia (que tira para un lado), podría decirse, o criterio “obtuso” como la fulmina el blog Saber Derecho.
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Un silencio estrepitoso.
La jerga jurídica explica menos de lo que confunde, para eso se inventó como describieran Franz Kafka y Michel Foucault. Hay excepciones, claro. Por ejemplo el recurso extraordinario es, en efecto, extraordinario.
A diferencia de las apelaciones, no sale “por ventanilla” ni se aplica a diferencias de criterio con el tribunal inferior. Exige graves fallas en la sentencia, que sea “arbitraria” o sea una violación flagrante del derecho aplicable, por decirlo fácil. La Corte, en un parco puñado de renglones, estipula que la prolongación de la medida cautelar de la Cámara no es chocante. Mirado con ligereza y ritualismo, el argumento parece zafar.
El problema es que la Corte omite, ni menciona, un hecho fundamental: la sentencia de primera instancia que rechaza la demanda. No es una pavada, sino un hito del proceso. Líneas antes se mentó uno de los pilares de las medidas cautelares, otro es la verosimilitud del derecho alegado.
Una sentencia en contra demuele o erosiona esa verosimilitud.
Es de manual, está en los Códigos. La elusión de la Corte es un flanco ladino de un fallo que contiene otros.
Hasta podría imaginarse, a título de hipótesis, que los Supremos estimaran que la verosimilitud sobrelleva ese revés. Debieron consignarlo y fundarlo. No les hubiera sido sencillo: el dictamen de la Procuradora Alejandra Gils Carbó propone lo contrario, de modo fundado y contundente. Los cortesanos no están forzados a seguir al dictamen ni siquiera a citarlo, pero al escurrirse sinceran la endeblez de su posición.
Zaffaroni fundó su disidencia en el dictamen sin agregar razonamientos de su coleto. Un modo de ahorrarse reproches contra una resolución que le pareció mala. Acaso también de mantener cierto clima de “paz interior” que el presidente Ricardo Lorenzetti estimula, mientras opera para imponer sus criterios y apuntalar su liderazgo interno. La sentencia, en sus vericuetos, elipsis y bizantinismos (quizá en sus chocantes limitaciones), tiene su marca.
El cronista, como Gils Carbó y Zaffaroni, cree que la persistencia de “no innovar” quebranta al derecho aplicable. La Corte, ella misma lo escribió ayer, “no se encuentra limitada en su decisión por los argumentos de las partes o de la Cámara, sino que le incumbe realizar una declaración sobre (lo) disputado”.
Así las cosas, no debía gambetear sopesar qué vale la sentencia de Alfonso. Es válido que haya diferencias de pareceres, no que una sentencia deje a un lado elementos esenciales. Tal es uno de los motivos de la arbitrariedad, mire usted.
- – -
Cómo inclinar la cancha.
Un núcleo fáctico, central, es el tiempo que tardará la Cámara en dictar sentencia, mientras pervive la cautelar. El Código le concede sesenta días desde que el expediente llegó al Tribunal.
Cuando Alfonso demoraba su pronunciamiento y Clarín estaba nerviosho, la Corte exigió a Su Señoría que se pusiera las pilas.
Lo urgió a pronunciarse, lo hizo correr a sacar fotocopias. Y, sobre todo, “habilitó días y horas inhábiles” variando el plazo para decidir. Los términos procesales se miden en días hábiles, quedandUnos meses más y una feria tranqui.o excluidos sábados, domingos, feriados y la feria mensual.
Los Supremos, con sencilla practicidad, imprimieron dinamismo al expediente… cuando a Clarín le urgía.
Ahora, cuando la corporación descansa sobre la cautelar, aplican un standard distinto, blanden una doble vara sin tomarse la molestia de explicar por qué. Inclinan la cancha, en términos futboleros: manejan una escala dual según la camiseta del litigante.
Reniegan de su acierto anterior, lo suplen por una exhortación carente de imperium: “requerir a la Cámara para que se expida dentro de la mayor brevedad posible”. No se arbitra medida alguna que transforme la súplica en orden o en acto de autoridad. Su densidad y vigencia semejan (¿cómo decirlo en lenguaje técnico?) los de un suspiro en una canasta.
Todo indica que la Cámara, que tiene la camiseta puesta, dilatará los trámites todo lo que pueda. La sola lentitud será un beneficio para Clarín, que siempre jugó a demorar. El juez Edmundo Carbone ya le prodigó favores similares, con la aquiescencia de la Corte.
El Grupo apuesta desde 2009 a un cambio de escenario político, esa ambición se reescribe pero no se resigna. Y en todo caso, seguir ejercitando las concesiones es un beneficio en sí mismo.
El lector minucioso podrá aducir que el cronista especula con virtualidades. Y que el futuro está abierto. Así es, aunque agregando que la profecía se hace tomando en cuenta a los precedentes y a los protagonistas.
¿Puede ser que, sin ninguna exigencia de la Corte, los Camaristas atiendan a sus palabras huecas y honren su súplica?
En el campo de lo hipotético podría ser. Acaso tuvieran un inesperado arranque de decoro. Acaso, por razones hoy no perceptibles, Clarín prefiriera apurar el paso. Son porvenires posibles. Habrá que ver.
Es, en cambio, irrefutable que la Corte ha sido funcional a eventuales tácticas dilatorias de los letrados de Clarín y de la Cámara. Que, en Tribunales, el que quiere demorar suele ganar siempre en ese rubro.
Y que el que maneja el trámite tiene cien artilugios a mano para demorar la sentencia, el cronista ni las menciona para no dar ideas. Y, se ratifica, que el mes de enero no cuenta en los plazos. Un mes de gracia para empezar, casi nada.
- – -
Unos meses más y una feria tranqui.
Unos meses más, qué le hacen al tigre, susurran en el cuarto piso de Tribunales. Entre tanto, la Afsca deberá decidir si prosigue con “los demás” procesos de adecuación o si los suspende.
Y el oficialismo, sofrenar reflejos belicistas y avenirse a otra decisión injusta, como lo ha hecho todo el tiempo, allende su retórica encendida.
Habrá que ver la magnitud de la nueva prórroga. Entre tanto, algo es seguro. Los integrantes de la Corte podrán tomarse vacaciones, como lo hacen año a año. Y, quién le dice, los Camaristas también podrán holgazanear sin plazos que los urjan.
Tal vez el juez Francisco de las Carreras pueda hacer otro de sus viajecitos bancados por un tentáculo de Clarín. Una práctica que algunos señalamos como nociva y hasta descalificadora. La corporación de los jueces (abarcando a la Asociación de Magistrados y por lo visto a la Corte), da la impresión, la considera una costumbre macanuda.
Por Mario Wainfeld
Antes de la llegada de la sacrosanta feria de enero la Corte Suprema resolvió los dos recursos interpuestos por el Estado Nacional. Rechazó ambos: el per saltum por unanimidad e invocando motivos formales atendibles, el extraordinario con argumentos de pobreza franciscana. Eugenio Raúl Zaffaroni votó en disidencia, lo que lo distingue y le hace honor.
La mayoría (incluyendo a Zaffaroni y excluyendo a Carmen Argibay) ratificó lo que ya había dicho sobre la terminación del plazo concedido a la concesionaria por el artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LdSCA).
La cuestión de fondo seguirá su trámite, hará escala en la Cámara en lo Civil y Comercial antes de recalar en la Corte para que ésta dicte la sentencia final. El itinerario no es tan cuestionable como la precariedad de los razonamientos de la sentencia y un manifiesto doble standard en el modo de imponer dinamismo (hace un ratito apenas) al juez de Primera Instancia y (ayer) a la Cámara.
- – -
No saltarás.
El per saltum se desestima en cinco líneas. No procede, afirma la Corte y por cierto era forzado que se valiera del recurso el Estado, que ganó en primera instancia. Por añadidura, el tribunal mira con malos ojos al recurso de per saltum, dosifica su uso. Considera más sensato que el expediente, de marcada importancia institucional, recorra tres instancias. Es sensato ese criterio, no costaba nada explicitarlo para condimentar (por una vez) con franqueza al ritualismo.
- – -
El año ya pasó, caramba.
La Corte ya se había pronunciado con relación al año otorgado a los concesionarios para adecuarse a las restricciones antitrust de la LdSCA. Pero la Cámara en lo Clarín y Comercial le tomó el pelo: adujo otra interpretación, la más generosa con el Multimedios. Era una burla al Tribunal, al que éste responde con precisión aunque con blandura.
La Cámara pecaba de inconsistencia: si Clarín disponía de un año de gracia, la ansiógena medida cautelar perdía razón de ser. Se derrumbaba el riesgo inminente, uno de sus pilares. Pero a los camaristas no los mueve el rigor sino la sumisión. La Corte (re)puso las cosas en su lugar. Algo queda claro: si al final del largo recorrido se convalida la constitucionalidad, el trámite de oficio quedará allanado. En ese trance hipotético, recobraría vigencia la notificación a Clarín efectuada por el titular de la Agencia de Servicios de Comunicación Audiovisual, Martín Sabbatella.
La Corte consigna este aspecto como una victoria parcial del Estado. Es demasiado decir ya que se redunda en lo ya expresado, aunque el punto podrá ser decisivo en su momento. La jueza Argibay no quiso expedirse sobre este punto, candente en el debate público basándose en formulismos vacíos. Falsa asepsia (que tira para un lado), podría decirse, o criterio “obtuso” como la fulmina el blog Saber Derecho.
- – -
Un silencio estrepitoso.
La jerga jurídica explica menos de lo que confunde, para eso se inventó como describieran Franz Kafka y Michel Foucault. Hay excepciones, claro. Por ejemplo el recurso extraordinario es, en efecto, extraordinario.
A diferencia de las apelaciones, no sale “por ventanilla” ni se aplica a diferencias de criterio con el tribunal inferior. Exige graves fallas en la sentencia, que sea “arbitraria” o sea una violación flagrante del derecho aplicable, por decirlo fácil. La Corte, en un parco puñado de renglones, estipula que la prolongación de la medida cautelar de la Cámara no es chocante. Mirado con ligereza y ritualismo, el argumento parece zafar.
El problema es que la Corte omite, ni menciona, un hecho fundamental: la sentencia de primera instancia que rechaza la demanda. No es una pavada, sino un hito del proceso. Líneas antes se mentó uno de los pilares de las medidas cautelares, otro es la verosimilitud del derecho alegado.
Una sentencia en contra demuele o erosiona esa verosimilitud.
Es de manual, está en los Códigos. La elusión de la Corte es un flanco ladino de un fallo que contiene otros.
Hasta podría imaginarse, a título de hipótesis, que los Supremos estimaran que la verosimilitud sobrelleva ese revés. Debieron consignarlo y fundarlo. No les hubiera sido sencillo: el dictamen de la Procuradora Alejandra Gils Carbó propone lo contrario, de modo fundado y contundente. Los cortesanos no están forzados a seguir al dictamen ni siquiera a citarlo, pero al escurrirse sinceran la endeblez de su posición.
Zaffaroni fundó su disidencia en el dictamen sin agregar razonamientos de su coleto. Un modo de ahorrarse reproches contra una resolución que le pareció mala. Acaso también de mantener cierto clima de “paz interior” que el presidente Ricardo Lorenzetti estimula, mientras opera para imponer sus criterios y apuntalar su liderazgo interno. La sentencia, en sus vericuetos, elipsis y bizantinismos (quizá en sus chocantes limitaciones), tiene su marca.
El cronista, como Gils Carbó y Zaffaroni, cree que la persistencia de “no innovar” quebranta al derecho aplicable. La Corte, ella misma lo escribió ayer, “no se encuentra limitada en su decisión por los argumentos de las partes o de la Cámara, sino que le incumbe realizar una declaración sobre (lo) disputado”.
Así las cosas, no debía gambetear sopesar qué vale la sentencia de Alfonso. Es válido que haya diferencias de pareceres, no que una sentencia deje a un lado elementos esenciales. Tal es uno de los motivos de la arbitrariedad, mire usted.
- – -
Cómo inclinar la cancha.
Un núcleo fáctico, central, es el tiempo que tardará la Cámara en dictar sentencia, mientras pervive la cautelar. El Código le concede sesenta días desde que el expediente llegó al Tribunal.
Cuando Alfonso demoraba su pronunciamiento y Clarín estaba nerviosho, la Corte exigió a Su Señoría que se pusiera las pilas.
Lo urgió a pronunciarse, lo hizo correr a sacar fotocopias. Y, sobre todo, “habilitó días y horas inhábiles” variando el plazo para decidir. Los términos procesales se miden en días hábiles, quedandUnos meses más y una feria tranqui.o excluidos sábados, domingos, feriados y la feria mensual.
Los Supremos, con sencilla practicidad, imprimieron dinamismo al expediente… cuando a Clarín le urgía.
Ahora, cuando la corporación descansa sobre la cautelar, aplican un standard distinto, blanden una doble vara sin tomarse la molestia de explicar por qué. Inclinan la cancha, en términos futboleros: manejan una escala dual según la camiseta del litigante.
Reniegan de su acierto anterior, lo suplen por una exhortación carente de imperium: “requerir a la Cámara para que se expida dentro de la mayor brevedad posible”. No se arbitra medida alguna que transforme la súplica en orden o en acto de autoridad. Su densidad y vigencia semejan (¿cómo decirlo en lenguaje técnico?) los de un suspiro en una canasta.
El Grupo apuesta desde 2009 a un cambio de escenario político, esa ambición se reescribe pero no se resigna. Y en todo caso, seguir ejercitando las concesiones es un beneficio en sí mismo.
El lector minucioso podrá aducir que el cronista especula con virtualidades. Y que el futuro está abierto. Así es, aunque agregando que la profecía se hace tomando en cuenta a los precedentes y a los protagonistas.
¿Puede ser que, sin ninguna exigencia de la Corte, los Camaristas atiendan a sus palabras huecas y honren su súplica?
En el campo de lo hipotético podría ser. Acaso tuvieran un inesperado arranque de decoro. Acaso, por razones hoy no perceptibles, Clarín prefiriera apurar el paso. Son porvenires posibles. Habrá que ver.
Es, en cambio, irrefutable que la Corte ha sido funcional a eventuales tácticas dilatorias de los letrados de Clarín y de la Cámara. Que, en Tribunales, el que quiere demorar suele ganar siempre en ese rubro.
Y que el que maneja el trámite tiene cien artilugios a mano para demorar la sentencia, el cronista ni las menciona para no dar ideas. Y, se ratifica, que el mes de enero no cuenta en los plazos. Un mes de gracia para empezar, casi nada.
- – -
Unos meses más y una feria tranqui.
Unos meses más, qué le hacen al tigre, susurran en el cuarto piso de Tribunales. Entre tanto, la Afsca deberá decidir si prosigue con “los demás” procesos de adecuación o si los suspende.
Y el oficialismo, sofrenar reflejos belicistas y avenirse a otra decisión injusta, como lo ha hecho todo el tiempo, allende su retórica encendida.
Habrá que ver la magnitud de la nueva prórroga. Entre tanto, algo es seguro. Los integrantes de la Corte podrán tomarse vacaciones, como lo hacen año a año. Y, quién le dice, los Camaristas también podrán holgazanear sin plazos que los urjan.
Tal vez el juez Francisco de las Carreras pueda hacer otro de sus viajecitos bancados por un tentáculo de Clarín. Una práctica que algunos señalamos como nociva y hasta descalificadora. La corporación de los jueces (abarcando a la Asociación de Magistrados y por lo visto a la Corte), da la impresión, la considera una costumbre macanuda.
Justicia y poder
Más allá de los antecedentes de probidad que, eventualmente, pudieran tener los distintos representantes de la justicia, es evidente que hay una articulación con las estructuras del poder real, las corporaciones y el poder político del statu quo. Como consecuencia siempre existirá una férrea resistencia ante cualquier cambio del "orden" preestablecido, sobre todo, si éste modifica las relaciones de privilegios de una verdadera casta que tuvo el control de todo el país y de sus habitantes.
La corrupción articulada es su forma de operación. ¿Estamos ante una situación inmodificable? Claro que no, pero evidentemente hay que modificar las reglas con que se van a jugar los próximos acontecimientos. Para avanzar y profundizarse, el proyecto nacional y popular debe romper esas barreras históricas que han puesto un cepo al desarrollo y necesidades de un pueblo.
¿Cuáles son las herramientas? Creo que la fundamental es la participación y movilización popular permanente, acompañando a la conducción estratégica de Cristina, para desarticular las relaciones espúreas y corruptas entre jueces, empresarios, funcionarios, políticos y religiosos. La necesidad de la reforma judicial es imperiosa para lograr una justicia independiente en sí misma, o que al menos actúe como tal en función de que todas las miradas están puestas en ella.
Y si de reforma judicial hablamos, viene a la mente la reforma de la constitución: con viejas herramientas no se pueden fabricar cosas nuevas.
Frente Kumpas Capital.
La corrupción articulada es su forma de operación. ¿Estamos ante una situación inmodificable? Claro que no, pero evidentemente hay que modificar las reglas con que se van a jugar los próximos acontecimientos. Para avanzar y profundizarse, el proyecto nacional y popular debe romper esas barreras históricas que han puesto un cepo al desarrollo y necesidades de un pueblo.
¿Cuáles son las herramientas? Creo que la fundamental es la participación y movilización popular permanente, acompañando a la conducción estratégica de Cristina, para desarticular las relaciones espúreas y corruptas entre jueces, empresarios, funcionarios, políticos y religiosos. La necesidad de la reforma judicial es imperiosa para lograr una justicia independiente en sí misma, o que al menos actúe como tal en función de que todas las miradas están puestas en ella.
Y si de reforma judicial hablamos, viene a la mente la reforma de la constitución: con viejas herramientas no se pueden fabricar cosas nuevas.
Frente Kumpas Capital.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Épocas de austeridad. Remedios medievales
Europa moderna, remedios medievales
Por Paul Krugman
Europa me ha sorprendido con su resistencia política: la disposición de los países deudores a soportar un sufrimiento aparentemente interminable y la capacidad del Banco Central Europeo para hacer solo lo justo, en el último minuto, a fin de calmar los mercados cuando la situación parece a punto de estallar.
Pero la economía de la austeridad ha ido siguiendo el guión al pie de la letra (el guión keynesiano, claro está, no el austeriano).
Una y otra vez, los tecnócratas “responsables” inducen a sus países a tragar la amarga píldora de la austeridad. Y una y otra vez, no consiguen que dé resultado.
El ejemplo ilustrativo más reciente es Italia, donde el primer ministro Mario Monti —un buen tipo, profundamente sincero— anunciaba hace poco que deja el cargo antes de tiempo, en última instancia porque sus políticas están conduciendo a Italia a la depresión. (Y sí, para que conste, esto significa que Italia no conocerá al verdadero Monti).
¿Y cuál es la respuesta? Mantened el rumbo, dicen los eurócratas. Empezará a funcionar en cualquier momento; ¡ya viene el hada de la confianza! El economista Kevin O’Rourke da en el clavo: Europa se ha convertido en un continente en el que los buenos tiempos siempre están a la vuelta de la esquina.
En realidad es como la medicina medieval, cuando los médicos sangraban a los pacientes para tratar sus enfermedades y, cuando la sangría les hacía empeorar, los médicos los sangraban todavía más.
El FMI y los controles de capital
El Fondo Monetario Internacional ha dicho ahora, oficialmente, que los controles de capital —límites impuestos a los movimientos internacionales de fondos— tienen su utilidad.
Según un artículo de The Financial Times publicado el 3 de diciembre:
“El Fondo Monetario Internacional ha consolidado un giro ideológico considerable al aceptar el uso de controles directos para moderar los volátiles flujos interfronterizos de capital, como los empleados por los países con mercados emergentes en los últimos años. Aunque el fondo sigue advirtiendo de que dichos controles deben ser ‘específicos, transparentes y en general temporales’, la política, anunciada en un documento para el personal publicado recientemente, supone un cambio radical respecto al entusiasmo del fondo por liberalizar las cuentas de capital durante la década de 1990”. El documento, titulado “La liberalización y la gestión de los flujos de capital: una visión institucional” puede consultarse en imf.org.
Se trata en esencia de una codificación de prácticas recientes; el FMI ya ha dado luz verde a los controles de capital en países concretos, como Islandia. Aun así, supone un giro interesante, otro indicador de la sorprendente flexibilidad intelectual de la que hace gala últimamente el FMI.
Y me trae recuerdos de la crisis asiática de los años noventa, cuando me vi inmerso en este debate.
© 2012 New York Times
Traducción de News Clips.
Por Paul Krugman
Europa me ha sorprendido con su resistencia política: la disposición de los países deudores a soportar un sufrimiento aparentemente interminable y la capacidad del Banco Central Europeo para hacer solo lo justo, en el último minuto, a fin de calmar los mercados cuando la situación parece a punto de estallar.
Pero la economía de la austeridad ha ido siguiendo el guión al pie de la letra (el guión keynesiano, claro está, no el austeriano).
Una y otra vez, los tecnócratas “responsables” inducen a sus países a tragar la amarga píldora de la austeridad. Y una y otra vez, no consiguen que dé resultado.
El ejemplo ilustrativo más reciente es Italia, donde el primer ministro Mario Monti —un buen tipo, profundamente sincero— anunciaba hace poco que deja el cargo antes de tiempo, en última instancia porque sus políticas están conduciendo a Italia a la depresión. (Y sí, para que conste, esto significa que Italia no conocerá al verdadero Monti).
¿Y cuál es la respuesta? Mantened el rumbo, dicen los eurócratas. Empezará a funcionar en cualquier momento; ¡ya viene el hada de la confianza! El economista Kevin O’Rourke da en el clavo: Europa se ha convertido en un continente en el que los buenos tiempos siempre están a la vuelta de la esquina.
En realidad es como la medicina medieval, cuando los médicos sangraban a los pacientes para tratar sus enfermedades y, cuando la sangría les hacía empeorar, los médicos los sangraban todavía más.
El FMI y los controles de capital
El Fondo Monetario Internacional ha dicho ahora, oficialmente, que los controles de capital —límites impuestos a los movimientos internacionales de fondos— tienen su utilidad.
Según un artículo de The Financial Times publicado el 3 de diciembre:
“El Fondo Monetario Internacional ha consolidado un giro ideológico considerable al aceptar el uso de controles directos para moderar los volátiles flujos interfronterizos de capital, como los empleados por los países con mercados emergentes en los últimos años. Aunque el fondo sigue advirtiendo de que dichos controles deben ser ‘específicos, transparentes y en general temporales’, la política, anunciada en un documento para el personal publicado recientemente, supone un cambio radical respecto al entusiasmo del fondo por liberalizar las cuentas de capital durante la década de 1990”. El documento, titulado “La liberalización y la gestión de los flujos de capital: una visión institucional” puede consultarse en imf.org.
Se trata en esencia de una codificación de prácticas recientes; el FMI ya ha dado luz verde a los controles de capital en países concretos, como Islandia. Aun así, supone un giro interesante, otro indicador de la sorprendente flexibilidad intelectual de la que hace gala últimamente el FMI.
Y me trae recuerdos de la crisis asiática de los años noventa, cuando me vi inmerso en este debate.
© 2012 New York Times
Traducción de News Clips.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Gracias
Por Eduardo Aliverti en Página/12
Por lo demás, ésta es una nota de agradecimiento que, si se quiere, incluye todo lo anterior en buena medida.
En el cierre del año, unas fotos, unas imágenes, unas juntadas obscenas del agua con el aceite, un fracaso rotundo y, finalmente o antes que todo, una falta de respeto, le simplificaron al periodista un recorrido de balance puntilloso. Se trata del acto del miércoles pasado, bajo convocatoria de una comparsa que tanto puede ser calificada de indescifrable como de inmoral. Quizá sea mejor recurrir a Horacio Verbitsky, quien la rotuló como uno de los episodios más extravagantes que la política argentina produjo en años. Casi lo más impresionante, sin embargo, es que una murga de esa calidad no pudo llenar la Plaza de Mayo con la salvedad de la visión de Clarín, cuya crónica del mamarracho fue desopilante. En foto central de portada habló de un “masivo acto del sindicalismo opositor”. Y a página 3 volanteó en letras coloradas “Marcha a la Plaza”, como si hubiera sido la analogía de Mao al frente del Ejército Rojo chino en octubre de 1936. Debajo de esa grandilocuencia, el cronista escribió que el cálculo de Pablo Micheli, estimando 70 mil personas, fue desmentido por la realidad de que en la plaza podía circularse cómodamente. Por favor, un editor ahí, lo más rápido posible. Más aún cuando, a continuación, el artículo de “análisis” clarinesco citó al vacío como “demostración de fuerza que debería preocupar a Cristina Kirchner”, “gran protesta”, “triunfo de un aceitado mecanismo de organización” y otros exabruptos. La Nación, en cambio, registró fotográficamente que el papelón fue indisimulable. Una vez más: la diferencia entre un órgano de elite mitrista que, al margen de gorilismo y racismo ancestrales, no come vidrio respecto de lo que puede esperarse con un circo opositor de esta naturaleza, y un oligopolio decadente que, de ya no saber a qué aferrarse, se agarra de lo que sea. Saquemos la siguiente y elemental cuenta. Una Plaza de Mayo raleada, para vergüenza de su historia, con los parroquianos de los bares circundantes sin moverse de sus lugares, a la que reclamó concurrencia el moyanismo más una fracción de la CTA y el cleptócrata. Se plegaron la UCR, Buzzi, Pino, los chinos y el PO. Es irrelevante que pudiera faltar en la nómina algún otro grupo alienígena. Si los propios organizadores frenaron su euforia en 70 mil personas, que de por sí es una cifra módica para las expectativas que intentaron crear, podemos negociar –siendo concesivos– en algo menos de la mitad (por lo general, esa ecuación es la que mejor se acerca a los números auténticos de las concentraciones: se toma el guarismo de manifestantes que da la Policía, siempre el más bajo, y el de los convocantes, inevitablemente el más alto. Y se saca el promedio entre ambos). Pero resulta que a esos 30 o 35 mil asistentes, en términos de trascendencia opositora, hay que restarle el aporte de los nucleamientos de izquierda eternamente radicalizada. Son siempre unos cuantos miles, con tan baja intensidad política y representación electoral como significativa visibilidad callejera. Si, encima, el resto de la concurrencia provino con estrictez de los aparatos sindicales que organizaron, la conclusión es fatal: no sumaron a nadie. El 8N tuvo masividad. Careció de toda consigna unificadora y plan de acción, pero fue capaz de aglutinar dispersiones de clase media. En el 9D, el kirchnerismo hizo estallar la plaza y sus alrededores, junto con gran potencia numérica en varios puntos del país, gracias a presencias orgánicas pero también de muchísima gente suelta. Lo del miércoles, en cambio –y disculpas por la obviedad– fue un bochorno cuya pobreza numérica tiene la única causa del ser un efecto vergonzante. El propio discurso de Moyano, que se perdió entre apelaciones evangélicas, su madre jubilada y la ausencia de frases provocativa (excepto la de “este gobierno maldito”), fue demostración de que predica sin convencimiento de sí mismo. Cabría preguntarse, frente a lo deshilachado de su arenga, cuánto le habrá impactado ver esa plaza semivacía, sin épica, sin calor. Sin nada, salvo el resentimiento contra un gobierno que no continuó ofertándole casi todo lo que quería y al que apoyaba entusiasmado, militante, hasta hace menos de un año.
Aunque quedó dicho, tampoco sería justo centralizar la crítica en el conductor camionero e, inclusive, la rigurosidad obliga a ser más duro con los satélites que entraron a su órbita. Después de todo, Moyano es un negociador de pesada gremial que opera en el toma y daca de las representaciones sindicales. Y de última, por lo menos tiene la fidelidad de su tropa. Genera un rechazo virtualmente unánime entre los sectores medios y en el mundo mismo de la clase trabajadora, pero los pocos porotos con que cuenta se los ganó. Todo lo contrario, ¿dónde meter la menudencia de Buzzi? No hablemos ya de que no fue competente ni para arrimar algún tractor de protesta a la plaza. No hubo ni una sola columna de pequeños productores agrarios, de esos que según él simbolizan la expoliación del modelo contra el sufrimiento del campo. ¿No le daba para pagar un micro, aunque sea? ¿Una pancarta? ¿Alguien vestido de gaucho? ¿No los convocó? ¿No los tiene? Pero, seguramente, la expresión máxima de impotencia y algo más es el caso del hijo de Alfonsín. Venía de reconocer que a los argentinos les está yendo bien en lo económico, así dijo, con esa literalidad, y que mientras sea así no hay con qué darle a Cristina. En la práctica se desdijo y situó a la UCR llamando a la plaza. En el partido, según fue público, se produjo una controversia de aquéllas porque, claro, pegar el radicalismo a Moyano, y a lo que Moyano encarna, es un poquito fuerte. Empero, hicieron homenaje a la ineptitud y terminaron como en una de las escenas de La vida de Brian, la película inglesa que muestra en asamblea interminable a los seguidores de Cristo, mientras están crucificándolo. La cosa es que hay una foto majestuosa, del miércoles, publicada por Ambito Financiero. Avanzan unos tipos, desperdigados entre sí, con banderas radicales. Deben ser cincuenta. Cien, con toda la furia. En algún aspecto, es una foto dolorosa. Un partido que supo ser de masas bien que coyunturalmente, que le ganó al peronismo, que despertó alguna utopía de libertades civiles, que tuvo un líder tan contradictorio como cualquiera, pero líder al fin, con semblanza de enfrentarse a poderosos, convertido en esto. En esta miseria anatómica y de ideario.
El periodista piensa en si, acaso, no es ésta una crónica opinada que repara con exceso en la insignificancia, previsible, de un acto opositor. Más cuando le sobrevinieron los acontecimientos de jueves y viernes. Pero, asimismo, no encuentra la manera de que esa pequeñez no se agrande hasta constituir una imagen, difícil de superar, en torno de lo que hay en danza en Argentina a propósito de las fuerzas u opciones contrapuestas realmente existentes. Incluso, la estatización del predio de la Rural y los sucesos de violencia se subsumen en esa lógica. Y otro tanto acontece, por aquello de la falta de respeto, con haber elegido un 19 de diciembre para manifestarse por el mínimo no imponible y algún otro reclamo desparramado que emparienta a los manifestantes con los caceroleros, sin perjuicio de lo justificado de algunas de esas exigencias.
Así que gracias a Moyano, al hijo de Alfonsín, a Pino, a la Corriente Clasista y Combativa, al PO, a Buzzi, a Micheli, al Momo Venegas, al cleptócrata y al raquitismo que expusieron.
Facilitaron enormemente lo arduo de un balance político.
Con
el resultado puesto, tienta pensar que lo sucedido era harto probable. Y
que se escaparon varias tortugas del área de Inteligencia por su
impericia para preverlo. Sin embargo, eso no cambiaría que en la base de
los episodios está la mano ostentosa, obvia, de quienes necesitan
climas de violencia para sustituir el apoyo popular que sigue
escapándoseles sin remedio.
Si se empieza por las consecuencias, va de suyo que hay bolsones no
resueltos de pobreza estructural que, encendida la mecha, habrán de
irradiarla. Las zonas de los saqueos coinciden con ello, aunque fue
visible que, en tanto “saqueo” como sinónimo de desesperación, no
estamos hablando de eso. Sí de atracos cuya característica primera es lo
meramente delincuencial, organizado, a todas luces. Hasta la prensa
opositora debió resignarse a admitir que el móvil no es el hambre.
Circulan algunos nombres propios de lo que el sentido común identifica
como responsables: punteros, dirigentes sindicales, jefes territoriales
con bandas siempre prestas y algunos grupejos que corren por izquierda.
Si hay claridad política al respecto, más debe haberla en cuanto a no
confundirse sobre los riesgos de la etapa que se vive, y que no tiene
que ver en absoluto con los sucesos de hace once años. Entonces sí era
cuestión de un país hambreado y estallado por obra de una corrupción
modélica, que nos dejó con la mitad de los habitantes por debajo de la
línea de pobreza. Hoy no hay ninguna reproducción de ese caos, ni
política ni social ni económicamente, si es que esos tres rangos fueran
diferenciables. Del resto puede conjeturarse lo que se quiera, pero de
eso no. Eso es así. El tema es que, justamente porque la Argentina no se
relaciona en nada con la de 2001/2002, vienen quedándose afuera dos
grandes bloques de poder: una parte del establishment de la economía que
ya no interviene en las decisiones políticas, y una parte del
sindicalismo y de los aparatos tribales, históricamente acostumbrados a
las prebendas del peronismo como partido de Estado. Este peronismo,
sobre todo desde la gestión de Cristina, marcha en camino opuesto a esa
costumbre. Y de esto tampoco puede dudarse. Los cruces acusatorios entre
el Gobierno y la cúpula de una de las CGT tampoco varían ese escenario:
lo corroboran. Sí puede anotarse que las afirmaciones oficialistas
constituyeron lo esperable. No así que poco después de que ese sector
gremial fuera señalado, la situación tendió a normalizarse. No es un
dato de imputación. Sólo una constancia objetiva.Por lo demás, ésta es una nota de agradecimiento que, si se quiere, incluye todo lo anterior en buena medida.
En el cierre del año, unas fotos, unas imágenes, unas juntadas obscenas del agua con el aceite, un fracaso rotundo y, finalmente o antes que todo, una falta de respeto, le simplificaron al periodista un recorrido de balance puntilloso. Se trata del acto del miércoles pasado, bajo convocatoria de una comparsa que tanto puede ser calificada de indescifrable como de inmoral. Quizá sea mejor recurrir a Horacio Verbitsky, quien la rotuló como uno de los episodios más extravagantes que la política argentina produjo en años. Casi lo más impresionante, sin embargo, es que una murga de esa calidad no pudo llenar la Plaza de Mayo con la salvedad de la visión de Clarín, cuya crónica del mamarracho fue desopilante. En foto central de portada habló de un “masivo acto del sindicalismo opositor”. Y a página 3 volanteó en letras coloradas “Marcha a la Plaza”, como si hubiera sido la analogía de Mao al frente del Ejército Rojo chino en octubre de 1936. Debajo de esa grandilocuencia, el cronista escribió que el cálculo de Pablo Micheli, estimando 70 mil personas, fue desmentido por la realidad de que en la plaza podía circularse cómodamente. Por favor, un editor ahí, lo más rápido posible. Más aún cuando, a continuación, el artículo de “análisis” clarinesco citó al vacío como “demostración de fuerza que debería preocupar a Cristina Kirchner”, “gran protesta”, “triunfo de un aceitado mecanismo de organización” y otros exabruptos. La Nación, en cambio, registró fotográficamente que el papelón fue indisimulable. Una vez más: la diferencia entre un órgano de elite mitrista que, al margen de gorilismo y racismo ancestrales, no come vidrio respecto de lo que puede esperarse con un circo opositor de esta naturaleza, y un oligopolio decadente que, de ya no saber a qué aferrarse, se agarra de lo que sea. Saquemos la siguiente y elemental cuenta. Una Plaza de Mayo raleada, para vergüenza de su historia, con los parroquianos de los bares circundantes sin moverse de sus lugares, a la que reclamó concurrencia el moyanismo más una fracción de la CTA y el cleptócrata. Se plegaron la UCR, Buzzi, Pino, los chinos y el PO. Es irrelevante que pudiera faltar en la nómina algún otro grupo alienígena. Si los propios organizadores frenaron su euforia en 70 mil personas, que de por sí es una cifra módica para las expectativas que intentaron crear, podemos negociar –siendo concesivos– en algo menos de la mitad (por lo general, esa ecuación es la que mejor se acerca a los números auténticos de las concentraciones: se toma el guarismo de manifestantes que da la Policía, siempre el más bajo, y el de los convocantes, inevitablemente el más alto. Y se saca el promedio entre ambos). Pero resulta que a esos 30 o 35 mil asistentes, en términos de trascendencia opositora, hay que restarle el aporte de los nucleamientos de izquierda eternamente radicalizada. Son siempre unos cuantos miles, con tan baja intensidad política y representación electoral como significativa visibilidad callejera. Si, encima, el resto de la concurrencia provino con estrictez de los aparatos sindicales que organizaron, la conclusión es fatal: no sumaron a nadie. El 8N tuvo masividad. Careció de toda consigna unificadora y plan de acción, pero fue capaz de aglutinar dispersiones de clase media. En el 9D, el kirchnerismo hizo estallar la plaza y sus alrededores, junto con gran potencia numérica en varios puntos del país, gracias a presencias orgánicas pero también de muchísima gente suelta. Lo del miércoles, en cambio –y disculpas por la obviedad– fue un bochorno cuya pobreza numérica tiene la única causa del ser un efecto vergonzante. El propio discurso de Moyano, que se perdió entre apelaciones evangélicas, su madre jubilada y la ausencia de frases provocativa (excepto la de “este gobierno maldito”), fue demostración de que predica sin convencimiento de sí mismo. Cabría preguntarse, frente a lo deshilachado de su arenga, cuánto le habrá impactado ver esa plaza semivacía, sin épica, sin calor. Sin nada, salvo el resentimiento contra un gobierno que no continuó ofertándole casi todo lo que quería y al que apoyaba entusiasmado, militante, hasta hace menos de un año.
Aunque quedó dicho, tampoco sería justo centralizar la crítica en el conductor camionero e, inclusive, la rigurosidad obliga a ser más duro con los satélites que entraron a su órbita. Después de todo, Moyano es un negociador de pesada gremial que opera en el toma y daca de las representaciones sindicales. Y de última, por lo menos tiene la fidelidad de su tropa. Genera un rechazo virtualmente unánime entre los sectores medios y en el mundo mismo de la clase trabajadora, pero los pocos porotos con que cuenta se los ganó. Todo lo contrario, ¿dónde meter la menudencia de Buzzi? No hablemos ya de que no fue competente ni para arrimar algún tractor de protesta a la plaza. No hubo ni una sola columna de pequeños productores agrarios, de esos que según él simbolizan la expoliación del modelo contra el sufrimiento del campo. ¿No le daba para pagar un micro, aunque sea? ¿Una pancarta? ¿Alguien vestido de gaucho? ¿No los convocó? ¿No los tiene? Pero, seguramente, la expresión máxima de impotencia y algo más es el caso del hijo de Alfonsín. Venía de reconocer que a los argentinos les está yendo bien en lo económico, así dijo, con esa literalidad, y que mientras sea así no hay con qué darle a Cristina. En la práctica se desdijo y situó a la UCR llamando a la plaza. En el partido, según fue público, se produjo una controversia de aquéllas porque, claro, pegar el radicalismo a Moyano, y a lo que Moyano encarna, es un poquito fuerte. Empero, hicieron homenaje a la ineptitud y terminaron como en una de las escenas de La vida de Brian, la película inglesa que muestra en asamblea interminable a los seguidores de Cristo, mientras están crucificándolo. La cosa es que hay una foto majestuosa, del miércoles, publicada por Ambito Financiero. Avanzan unos tipos, desperdigados entre sí, con banderas radicales. Deben ser cincuenta. Cien, con toda la furia. En algún aspecto, es una foto dolorosa. Un partido que supo ser de masas bien que coyunturalmente, que le ganó al peronismo, que despertó alguna utopía de libertades civiles, que tuvo un líder tan contradictorio como cualquiera, pero líder al fin, con semblanza de enfrentarse a poderosos, convertido en esto. En esta miseria anatómica y de ideario.
El periodista piensa en si, acaso, no es ésta una crónica opinada que repara con exceso en la insignificancia, previsible, de un acto opositor. Más cuando le sobrevinieron los acontecimientos de jueves y viernes. Pero, asimismo, no encuentra la manera de que esa pequeñez no se agrande hasta constituir una imagen, difícil de superar, en torno de lo que hay en danza en Argentina a propósito de las fuerzas u opciones contrapuestas realmente existentes. Incluso, la estatización del predio de la Rural y los sucesos de violencia se subsumen en esa lógica. Y otro tanto acontece, por aquello de la falta de respeto, con haber elegido un 19 de diciembre para manifestarse por el mínimo no imponible y algún otro reclamo desparramado que emparienta a los manifestantes con los caceroleros, sin perjuicio de lo justificado de algunas de esas exigencias.
Así que gracias a Moyano, al hijo de Alfonsín, a Pino, a la Corriente Clasista y Combativa, al PO, a Buzzi, a Micheli, al Momo Venegas, al cleptócrata y al raquitismo que expusieron.
Facilitaron enormemente lo arduo de un balance político.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Extravagancias
Por Horacio Verbitsky en Página/12
Al hablar de los jubilados rindió homenaje a una mujer de 95 años que, según dijo, sólo cobraba 1800 pesos mensuales, más la pensión de su esposo. La señora vive en una casa construida con un crédito del Banco Hipotecario Nacional y tiene la suerte de que sus tres hijos puedan ayudarla, dijo el camionero. Recién al terminar el párrafo aclaró que se refería a su mamá. La propaganda oficial nunca logró una mejor descripción de los logros gubernativos, con la actualización bianual de jubilaciones y pensiones por encima de la inflación y con una situación laboral en la que los hombres tienen buenos trabajos y pueden darles algunos gustos a sus madres viudas. Sólo el extravío del sentido de la realidad puede presentar este feliz caso como un ejemplo dramático. Lo mismo vale para sus ironías sobre el compromiso de CFK con los derechos humanos a la misma hora en que la Justicia condenaba a prisión perpetua al ex ministro Jaime Lamont Smart, el primer civil sentenciado por crímenes de lesa humanidad, como muy bien destacó el portal de La Nación.
¿Qué habrá pensado al oírlo Pablo Micheli, que participó en algunos de los centenares de rondas frente al Congreso durante la década en que las jubilaciones estuvieron congeladas y que culminó con la reducción de un 13 por ciento de su valor nominal, junto con el de los sueldos estatales? Antes de Moyano, el dirigente que está perdiendo el control de ATE (ya fue derrotado en las seccionales del Litoral y el plenario de delegados de Capital se rehusó a seguir su inconsulta convocatoria sin practicar la democracia sindical que pregona) anunció próximos paros y movilizaciones. Si cumple su promesa, no hará más que fortalecer a un gobierno que, por contraste, sabe qué intereses populares defiende y hacia dónde se propone seguir avanzando.
El
acto de ayer en Plaza de Mayo fue uno de los episodios más extravagantes
que la política argentina ha producido en años, lo cual no es poco
decir. La mezcla de opuestos que participaron hubiera requerido un acto
de ilusionismo antes que una conducción política para simular alguna
congruencia. Conciliar en un todo coherente a los trabajadores de
servicios mejor pagos del país, como petroleros y camioneros, con los
estatales que padecen un retraso de sus remuneraciones; a las
dirigencias patronales de rentistas agropecuarios que alquilan sus
campos en dólares con los trabajadores precarios que los maoístas de la
CCC organizan en los barrios; a los elegantes caceroleros que consideran
un atentado a la libertad la restricción para atesorar divisas en el
exterior con las diversas banderías de la paleoizquierda que reclaman la
estatización del comercio exterior y la banca; al filósofo de la
cleptocracia Luis Barrionuevo con el cineasta de la resistencia Fernando
Solanas; al vicepresidente de YPF, Guillermo Pereyra, con los ideólogos
de la revolución permanente solo en la universidad; al epítome de la
derecha duhaldista Jerónimo Venegas con la enfermera trotskista Vilma
Ripoll; al oportunismo profesional de los libres del sur con el
principismo republicano de Ricardo Alfonsín, mezclar tanto aceite y
tanto vinagre en una ensalada completa es una tarea que excede las
posibilidades de Hugo Moyano. No basta con citar a Perón, que ni él
podía tanto.
Pero hubo cumbres del grotesco, comenzando por la elección de la
fecha, en la que la dirigencia radical sólo debería hacer acto de
contrición y decidirse de una vez a pedir perdón por la masacre con que
se despidió su último gobierno, hace once años, con cinco muertos en la
Capital y otros treinta en el resto del país, en aplicación de un estado
de sitio ilegal que nunca declaró el Congreso. Y siguiendo por el
discurso de Moyano, con reivindicación sindical de derechos laborales
pero propuesta político partidaria y electoral, en la que es imposible
que coincida la forzada amalgama a la que recurrió para que no pudiera
medirse hasta qué punto ha menguado su poder de convocatoria.Al hablar de los jubilados rindió homenaje a una mujer de 95 años que, según dijo, sólo cobraba 1800 pesos mensuales, más la pensión de su esposo. La señora vive en una casa construida con un crédito del Banco Hipotecario Nacional y tiene la suerte de que sus tres hijos puedan ayudarla, dijo el camionero. Recién al terminar el párrafo aclaró que se refería a su mamá. La propaganda oficial nunca logró una mejor descripción de los logros gubernativos, con la actualización bianual de jubilaciones y pensiones por encima de la inflación y con una situación laboral en la que los hombres tienen buenos trabajos y pueden darles algunos gustos a sus madres viudas. Sólo el extravío del sentido de la realidad puede presentar este feliz caso como un ejemplo dramático. Lo mismo vale para sus ironías sobre el compromiso de CFK con los derechos humanos a la misma hora en que la Justicia condenaba a prisión perpetua al ex ministro Jaime Lamont Smart, el primer civil sentenciado por crímenes de lesa humanidad, como muy bien destacó el portal de La Nación.
¿Qué habrá pensado al oírlo Pablo Micheli, que participó en algunos de los centenares de rondas frente al Congreso durante la década en que las jubilaciones estuvieron congeladas y que culminó con la reducción de un 13 por ciento de su valor nominal, junto con el de los sueldos estatales? Antes de Moyano, el dirigente que está perdiendo el control de ATE (ya fue derrotado en las seccionales del Litoral y el plenario de delegados de Capital se rehusó a seguir su inconsulta convocatoria sin practicar la democracia sindical que pregona) anunció próximos paros y movilizaciones. Si cumple su promesa, no hará más que fortalecer a un gobierno que, por contraste, sabe qué intereses populares defiende y hacia dónde se propone seguir avanzando.
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